* Sin consulta, con desinformación y manoseo político
Por: Néstor Jiménez
El conflicto por los llamados Polos del Malestar (Bienestar) en Puebla y Tlaxcala dejaron de ser solamente una discusión sobre infraestructura, desarrollo económico o medio ambiente, que seguramente traerá beneficios pero para unos cuantos que se harán millonarios a costa del pueblo, -como suele suceder-. Los Polos del Malestar se convirtieron en una disputa por la confianza de las comunidades. Y cuando una población tiene dudas sobre un proyecto que puede transformar su territorio, lo mínimo que debe recibir no son discursos huecos, debe recibir información clara, estudios verídicos y certeza en la salud y en el cuidado del medio ambiente.
Habitantes de San José Chiapa, Puebla, y de San Pedro Ecatepec del municipio de Atlangatepec, Tlaxcala, se cansaron de ser lastimados por sus gobiernos que lejos de escucharlos los agredieron y por eso llevaron hasta Palacio Nacional su rechazo a proyectos vinculados con esta estrategia.
Frente a las oficinas donde despacha la primer presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, los pobladores desplegaron lonas y denunciaron represión, presión política, presencia policiaca y amenazas contra quienes cuestionan las obras, en pocas palabras los pobladores se fueron a acusar de cómo los gobernadores que son emanados de Morena y que deberían escuchar al pueblo, son brutalmente agredidos con todo el peso del estado, mientras que en la narrativa oficial se tiende un falso puente de comunicación que hace creer a la sociedad que los malosos son los inconformes que se niegan a dialogar.
En el caso de Tlaxcala, todavía no existe una decisión definitiva sobre la viabilidad del proyecto ya que primero deben realizarse los estudios técnicos, ambientales y sociales necesarios para determinar si es factible. Y, de acuerdo con el posicionamiento oficial, una vez que exista información suficiente, la decisión sería sometida a votación de la propia comunidad, sin embargo los pobladores no le creen al gobierno que insiste en imponer el proyecto.
Y aquí aparece una pregunta fundamental: si todavía faltan estudios para determinar la factibilidad, ¿por qué algunos actores políticos ya presentan el proyecto como una amenaza consumada? El Gobierno de Tlaxcala ha señalado directamente a partidos como PAN y Movimiento Ciudadano, a los que acusa de haber intervenido políticamente y de generar desinformación entre los habitantes.
Pero cuidado: señalar el “manoseo” político tampoco puede convertirse en un argumento para descalificar automáticamente toda inconformidad ciudadana. Una comunidad tiene derecho a desconfiar, preguntar, exigir información y oponerse. La participación ciudadana no pertenece a ningún partido político, la población cuida y prioriza sus intereses, su vida, su salud, la armonía en la comunidad y el bienestar social.
El verdadero problema comienza cuando los partidos convierten el miedo de la población en combustible electoral y construyen una narrativa incendiaria contra el gobierno, pero también cuando los gobiernos pretenden explicar una preocupación legítima únicamente como resultado de la manipulación partidista. Ambos extremos terminan haciendo exactamente lo mismo: subestimar a la ciudadanía, confundiendo y opacando la visibilidad de la gente para que pueda tomar una decisión.
Si el proyecto es viable, los estudios deberían demostrarlo. Si representa riesgos ambientales, sociales o económicos, también deberían quedar documentados. Y si finalmente corresponde a la comunidad decidir mediante una votación, esa consulta debe realizarse con información completa, pública y verificable, no con propaganda oficial ni con campañas partidistas de uno u otro lado.
Al Gobierno de Tlaxcala se la terminan las oportunidades para demostrar que su discurso de consulta y transparencia es algo más que una declaración política, es un proyecto de bien común para la gente que resolverá el problema del deposito y desecho de la basura en el estado de Tlaxcala.
PAN y Movimiento Ciudadano, por su parte, también deberían explicar si su participación responde exclusivamente a la defensa de la comunidad o si ya encontraron en los Polos del Malestar (Bienestar) un nuevo campo de batalla rumbo al proceso electoral de 2027.
Porque si el proyecto todavía está en etapa de estudios, no debería aprobarse a ciegas, pero tampoco rechazarse a ciegas, deben priorizar al pueblo, aquel pueblo libre y sabio que les da de comer a los partidos políticos a través de las prerrogativas que son producto de las contribuciones e impuestos que los mexicanos pagan o pagamos conforme a la ley.
La comunidad merece decidir con información, el Gobierno debe garantizarla y los partidos deberían dejar de hablarle a los ciudadanos como si fueran piezas de ajedrez, ambos deben practicar el valor de la honestidad para el bienestar del pueblo.
Al final, el verdadero “Polo del Malestar” debería ser el “Polo del Bienestar” del cual debería ser aquel donde el desarrollo económico no esté peleado con el medio ambiente, donde la consulta ciudadana sea real y donde la política no sustituya a la información.



