El gobierno del estado de Tlaxcala ha perfeccionado el arte de la alquimia política: convertir lo básico en extraordinario, un cascarón en un palacio y un empujón federal en un mérito local. Lo que antes era hacer obra, ahora es hacer marketing.
El último prodigio de esta retórica inflamada es el anunciado Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Huamantla. Según la narrativa oficial, Tlaxcala se ha vuelto un “ejemplo nacional” digno de ser replicado en 14 entidades.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum, aseguran y presumen, ha quedado tan maravillada que ha pedido exportar el “modelo tlaxcalteca” por todo el país. La visita presidencial del 14 de febrero, describen, fue un parteaguas histórico. ¿en serio, neta?
Pero, ¿qué hay detrás de la cortina de humo? Fuentes de la propia Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) —sí, la misma que dirige Javier Marroquín Calderón— dibujan un panorama más parecido a una telenovela de realismo mágico, muy alejado de la realidad que se vive en el ámbito económico de la entidad.
Resulta que el “hito” que se inaugurará el 28 de febrero, con la bendición de Marcelo Ebrard y, con suerte, de la presidenta, no es un polo industrial vibrante y lleno de fábricas. Es, en esencia, un espejismo de concreto: un pórtico de entrada, una barda perimetral, una avenida y un pozo de agua por reactivar. El edificio principal es puro esqueleto. Literalmente, un cascarón.
Se nos vende la barda como si fuera la fábrica, la luminaria como si fuera la producción. La magia ocurrirá después, en marzo, cuando lleguen las empresas. Pero el “milagro” que se presume como joya de la corona es apenas un lote baldío urbanizado. No más.
Y aquí el sarcasmo se vuelve casi involuntario: el tal “modelo tlaxcalteca” resulta que lo construye un desarrollador de Puebla, tras una “licitación” en la que nuevamente quedaron relegados los locales. Ya ve usted que ser tlaxcalteca es pecado.
La genialidad local, al parecer, fue contratar a alguien de fuera para hacer lo básico. Pero lo más hilarante es la idea de que Tlaxcala va a “capacitar” a otros gobiernos. si no somos capaces de construir una barda, cómo seríamos tan ingenuos de enseñarles a otros la parte sensible, con qué solvencia técnica, ¿a poco suena lógico?
Fuentes de la propia SEDECO aclaran, con una honestidad que debería preocupar a Palacio de Gobierno, que no hay tal plan. Capacitar en qué, ¿en construir bardas? Lo que existe es un sistema de formación técnica con universidades locales —algo valioso, sin duda—, pero que no es un “modelo de desarrollo” que 14 estados estén esperando como agua de mayo.
Las tres de ley… 1- El patrón es recurrente. El anunciado hospital de la mujer con mil millones de pesos, el polo de economía circular con el “terreno disponible”: todos son castillos en el aire, promesas en hoja de papel que se venden como realidades tangibles. Se anuncia el “proyecto ejecutivo” como si fuera una cirugía de corazón abierto exitosa.
2- Claro, Tlaxcala merece desarrollo, empleo y crecimiento. Y sí, la relocalización de empresas (nearshoring) es una oportunidad real que llega desde la federación, no una genialidad repentina de la SEDECO. El problema es cuando el gobierno estatal se apropia del viento a favor y lo vende como un huracán de su propia creación.
3- El 28 de febrero se inaugurará algo. Eso es innegable. Pero que no nos quieran vender un cascarón como si fuera el nuevo milagro económico mexicano. Los tlaxcaltecas que dependen de la quincena gubernamental hacen ruido y aplauden fuerte, pero no se tragan las mentiras. Recuerden: Tonto es el que piensa que el pueblo es tonto.


