‘Oppenheimer’: Un Clavado Maestro A La Profundidad Del Ego Y A La Psique Humana.

Eduardo Lozano
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La tan esperada ‘Oppenheimer’ de Nolan se estrenaba el pasado 20 de julio en una confronta con la ‘Barbie’ de Greta Gerwig; recuerdo muy pocos eventos con esa pasión desbordante por ir a una sala a ver una película. O dos. De esto sin duda, la más beneficiada fue la industria del cine que recibió una bocanada de oxígeno en tiempos donde las salas se ven en crisis, siendo en la actualidad lo único rentable, las aventuras grabadas en fondo verde y con temáticas de súper héroes. Yo fui el mismo jueves 20 a la primera función subtitulada a las 10;30 am; en esa temprana hora el cine ya se veía abarrotado con personas predominante vestidas de rosa y resultó inevitable la comparación con los 9 (a cualquiera de ellos les fiaría mi cartera y las llaves de mi auto) que estuvimos en ‘Oppenheimer’. Las cifras de recaudación en el primer fin de semana fueron: ‘Barbie’ (337 M USD) y ‘Oppenheimer’ (175 M USD).

‘Oppenheimer’ de Nolan

Tras las tres horas de duración —que no se sintieron tres, por la gran capacidad narrativa que el mismo Nolan escribió lamiendo sus heridas y suturando errores tras el desastre narrativo de ‘Tenet’— no pude hacer otra cosa más que reflexionar en la incomprensible mente humana, siempre tan dual, nunca estática, siempre compleja vista desde un punto de vista único; creo que a la par debería recomendar insistentemente ‘Un verdor terrible’ de Benjamín Labatut. Este primoroso ensayo ahonda en la psique de varios físicos y matemáticos (vale la pena mencionar que Robert Oppenheimer también es abordado), geniales y relevantes para la humanidad moderna; y su tesis pasa por la capacidad de obtener absoluta belleza en sus teorías logrando que la mente esté cercana a la perfección y comprensión del universo, pero a la vez, esa misma cercanía, haya dado pauta para la destrucción, con por ejemplo, el Zyklon B o la misma bomba atómica.

Esa misma complejidad es la que intenta plasmar Nolan en su película, y en un terreno tan árido, sale no solamente victorioso, sino que se apunta otra obra maestra a su historial. La película no va solamente de la explosión atómica en Hiroshima y Nagasaki (aunque precisamente la escena de la prueba de explosión de la bomba sea una de las mejores escenas que se han filmado en los últimos años), más bien intenta expresar mediante un ¿drama judicial?, los relatos que exponen todo lo relacionado creación, desarrollo y culminación del Proyecto Manhattan.

Robert Oppenheimer desde las primeras declaraciones ante un improvisado juzgado (mismo que al final se entenderá que fue montado fuera de derecho y que tuvo fines persecutorios e inquisitorios en contra del físico), hace retrospectiva desde su pasado más remoto como estudiante oprimido hasta el posterior estallido de la bomba que le fuera encargada. En esos lapsos de tiempo, que van brincando sin regla alguna, Nolan acierta en un biopic muy comprometido en tratar de tildar la humanidad (ni héroe, ni villano) de Robert Oppenheimer como una víctima del sistema usado maquiavélicamente para aprovecharse de su egolatría y cometer uno de los actos más viles en contra de la humanidad: consumido, perseguido y desechado. El culmen del capitalismo.

«Me he convertido en la muerte. En el destructor de mundos», es una de las frases más célebres de la historia y que denota la sentida afectación moral que inunda en la segunda mitad del film. Poca gente podrá creer que después de la detonación, el mismo Oppenheimer iniciará una campaña mediática y académica en contra del uso de la bomba de su creación, hasta que, la empatía posea al espectador aceptando que el humano es capaz de lo mejor y de lo peor y una vez hecho cualquiera de las dos cosas, saberse arrepentido. Para ello, el gobierno de Estados Unidos, un adicto a la guerra, se aprovecha del pasado del físico y escarba sin piedad en él; ellos, siempre los gringos, aprovecharan su pasado con guiños al comunismo para solidificar la teoría de que siempre fue un infiltrado ruso.

También, la figura de Robert Oppenheimer ahonda más allá de las aulas y la bomba; él fue un comprometido, pero nunca casado con ideales y eso resalta su genialidad en otro aporte histórico: incipiente contribuyente económico a la guerra civil española, fundador sindicalista y miembro honorario del Partido Comunista. De igual manera, se dejan ver dos amoríos con mujeres igual de inestables que el genio; de hecho, con su segunda mujer finca su herencia teniendo un hijo que solamente aparece en un par de escenas que demuestran la dificultad de la vida de los hijos de personas intelectuales (me recuerda el inicio de ‘La figura del mundo’ de Villoro: los intelectuales, ególatras por su propia naturaleza no deberían tener hijos).

El hecho de no sobre explicar la película o dar un mayor contexto histórico, quizá sea el único pecado de la película y contradictoriamente su mayor virtud. Dejar una narrativa tan abierta a interpretaciones, es también la mayor característica del cine de Nolan; pero es cierto que para adentrarse en la película debes estar medianamente puesto en bastantes referencias culturales e históricas para poder estar en ella; eso hace una película no apta para el gran público y exige para uno de los proyectos más personales de Nolan, un espectador culto y sobre todo muy atento.

Hay mucho sentido y alabanza al cine sin citarlo expresamente (como lo quiere hacer su competidora ‘Barbie’ emulando la escena inicial de ‘2001: Odisea en el espacio’), pues hay mucho de ‘JFK’, de ‘Ciudadano Keane’, de ‘Tempestad sobre Washington’, de ’12 Hombres en pugna’ o de ‘Los juicios de Nuremberg’. La fotografía —a veces en un elegante blanco y negro, a veces inquietante con la luz del desierto y a veces oscura, sórdida y oculta y cercana a la maldad— es exquisita; los primerísimos planos son una obra de arte por sí solos, la música de Ludwing Göransson (Oscar por Black Panther en 2019) acompaña como deidad enalteciendo cada fotograma, los diálogos poderosamente shakesperianos, y (¡ay!) las memorables actuaciones de Cillian Murphy, Robert Downey y Emily Blunt hacen que quieras vivir en esa terrible maldad de película o te hacen rogar para que la película no acabe.

Será sin lugar a duda la película del año, esperando que se estrene ‘Napoleón’ de Ridley Scott y no diga lo contrario.

Calificación: 4.5/5. Obra maestra.

Título original: ‘Oppenheimer’; Dirección: Christopher Nolan; Guión: Christopher Nolan; Libro: ‘American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer’ Kai Bird, Martin J. Sherwin; Reparto: Cillian Murphy, Emily Blunt, Robert Downey Jr., Matt Damon, Florence Pugh, Kenneth Branagh, Rami Malek, Casey Affleck, Ben Safdie, Josh Hartnett; Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema País: EE.UU; Año: 2023; Género: Biopic, Drama Judicial, Drama histórico; Duración: 180 min; Distribuidora: Universal Pictures.