Muy a pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador respaldó con absoluta claridad al senador José Antonio Álvarez Lima, y con ello comprometió a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros a respaldarle como futuro candidato al Senado de la República, lo cierto es que López Obrador ya no estará en 2027 para controlar la sucesión gubernamental en Tlaxcala.
Esa responsabilidad le corresponderá, seguramente, a Claudia Sheinbaum Pardo como presidenta de México. Cómo lo hará, esa es la incertidumbre.
En una colaboración anterior, este espacio ponía el ejemplo de lo catastrófico que fue la sucesión gubernamental en 1998, 2004, 2010 y 2021 para los partidos políticos que en ese momento ocupaban Palacio de Gobierno. A ese mismo escenario se enfrentará, sin duda, el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
A no ser que, reviviendo los tiempos del centralismo salinista, Cuéllar Cisneros deba dejar la gubernatura para ser invitada al gabinete federal o incorporarse a algún cargo de relevancia dentro de Morena, como en su momento lo hizo Beatriz Paredes Rangel en el Revolucionario Institucional (PRI) para dejarle el camino libre a, precisamente, José Antonio Álvarez Lima.
De otra forma, la guerra política entre quien se anticipa como la más fuerte precandidata al gobierno de Tlaxcala, Ana Lilia Rivera Rivera, y la mandataria estatal Lorena Cuéllar, lastimará a Morena y lo fracturará a tal grado de perder la gubernatura en 2027.
Ese escenario ya se ve en el horizonte. Una nueva clase política con Ana Lilia Rivera al frente, y Óscar Flores Jiménez, hoy titular de la Unidad de Administración y Finanzas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), como segunda opción.
La contraparte estará encabezada por la propia mandataria estatal, teniendo como favorito al ex secretario de Infraestructura, Alfonso Sánchez García, si es que se concretan sus ansias de ser postulado a la presidencia municipal de Tlaxcala para después ganar las elecciones constitucionales del próximo 2 de junio.
No se ve otro aspirante fuerte dentro del grupo lorenista, a excepción de que surja un personaje sorpresa como Raymundo Vázquez Conchas, situación que se ve lejana por el parentesco que tiene con la gobernadora.
En esa segura disputa y muy posible fractura que se ve en escenario, la única ganadora será Anabell Ávalos Zempoalteca como abanderada del tricolor, del blanquiazul y del sol azteca.
Así que, si Morena desea conservar a Tlaxcala como uno de sus gobiernos estatales, deberá poner una atención que ahora mismo no tiene. El problema que ese instituto político tendrá será político, sobre todo porque los tiempos pasados no son los de los actuales y, por supuesto, no serán los del futuro.
La militancia morenista y, sobre todo, la clase política que se encuentra inmersa en Morena, ha permitido el regreso de un centralismo exacerbado durante el gobierno de López Obrador, tiempos que no se veían desde aquellos de Carlos Salinas, que quisieron ser repetidos con Ernesto Zedillo pero que en Tabasco, con el gobernador Roberto Madrazo, fueron parados en seco.
No sabemos si ese centralismo permanecerá o cambiará con Claudia Sheinbaum, lo cierto es que Morena está a punto de vivir lo que otros partidos políticos vivieron en tiempos diferentes. Ahí está la experiencia para no repetirla en Tlaxcala, por lo menos no con los mismos resultados.



