Tlaxcala es esa joya minúscula del mapa mexicano donde los informes de gobierno se suceden como las temporadas de lluvia: predecibles, ruidosos y dejando un reguero de promesas que, a veces, se evaporan antes de tocar tierra fértil.
El más reciente, el Cuarto Informe de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, no desmintió la regla. Celebrado en la flamante Ciudad de la Cultura y el Entretenimiento, un proyecto que, hay que concederlo, luce como un oasis de modernidad en medio de nuestra eterna siesta territorial. El maestro y rey del bolero, Carlos Cuevas, fue el mejor padrino que pudo tener ese escenario.
El acto fue un festín de cifras “alegres” que hicieron retumbar aplausos como si estuviéramos en un concierto. Miles de tlaxcaltecas, pancartas en mano y porras al unísono (”¡Lorena, Lorena, ra ra!”), se congregaron para ovacionar logros que, según el boletín oficial, incluyen el 94% de cumplimiento de compromisos de campaña (¡283 de 300!), inversiones por 13 mil millones en salud, Tlaxcala como el estado más seguro por nueve meses seguidos y una derrama económica que roza los 5 mil millones.
Todo ello en un estado con el presupuesto más raquítico y la extensión territorial más modesta del país, lo que hace que estos números suenen a milagro… o a un hábil ejercicio de contabilidad creativa.
Pero Tlaxcala va por el camino correcto, según lo dicho por el Secretario de Finanzas del Estado de México, Oscar Flores Jiménez, quien por cierto es oriundo de la capital de Tlaxcala.
Pero vayamos al grano, porque el verdadero espectáculo no estuvo en las pantallas LED ni en los discursos grandilocuentes sobre “la transformación imparable”. No, el clavo de la función fue la primera fila: ese desfile de exgobernadores y figurones que, como marionetas en un teatro de sombras, aplaudían con la entereza de quien sabe que el telón caerá pronto.
Beatriz Paredes Rangel, con su mirada de águila que ha visto más traiciones que corridas en la Plaza de Toros; José Antonio Álvarez Lima, el eterno sobreviviente de las urnas y acaso el más poderoso del momento; el ex gobernador y actual diputado local, Héctor Israel Ortiz Ortiz; el poderoso secretario de Finanzas del Estado de México, Oscar Flores Jiménez que a donde llega roba reflector; Josefina Rodríguez Zamora (ahora en el federalismo sheinbaumista) y María del Carmen Ramírez García, representando al ausente Alfonso Sánchez Anaya.
Todos ahí, secundando las alabanzas con discursos tan pulidos como un boleto de lotería premiado, pero con rostros que gritaban lo contrario: “Preferiríamos estar en cualquier otro lado, quizás contando ovejas o recordando tiempos en que el poder no dolía tanto”.
Es la diplomacia del perdedor: van porque el protocolo obliga, aplauden porque la foto lo exige, pero su lenguaje no verbal —esos suspiros disimulados, las sonrisas que no llegan a los ojos— es el termómetro real del salón.
Mientras el grueso de la población imaginaba un informe con un toque de autocrítica, lo que se sirvió fue el menú de siempre: realidades alternas donde la pobreza se combate con anuncios de albergues para migrantes (¡dos en todo el estado, un récord modesto!) y la desigualdad se maquilla con vacunas al 100% de cobertura.
Y no es que no haya avances palpables —los exgobernadores mismos lo admiten, en un raro momento de sinceridad forzado por los micrófonos. La seguridad, con sus 48 C2 municipales y el C5i modernizado, ha bajado homicidios en un 38%; la salud, con hospitales equipados como quirófanos de ciencia ficción, ha salvado vidas en un estado que antes enviaba pacientes a Puebla como si fuéramos colonia turística.
El bienestar social, con 738 millones invertidos en comunidades indígenas y 37 adopciones concretadas, toca fibras reales en un pueblo que siempre ha sido más corazón que billetera.
Pero, ¡ay, Lorena!, ¿de verdad creemos que 20 mil acciones en un año (¡1,600 al mes!) borran las demandas pendientes? ¿O que el liderazgo nacional en vacunas compensa las “estampidas” de asistentes que, según el ojo crítico de la prensa local, huyeron del recinto antes de que el telón cayera, hartos de un guion que ignora las grietas bajo la alfombra?
Es ácido, sí, pero necesario: un informe sin autocrítica es como un mole sin chile, bonito en la foto pero insípido en el paladar del pueblo.
Aquí va lo constructivo, porque Tlaxcala no merece solo pullas, sino un empujón. Quedan dos años. Una eternidad en política, pero apenas un suspiro en la historia de nuestra cuna de la nación— para enderezar el timón.
Primero, la autocrítica: reconozca, gobernadora, que no todo es oro en esta transformación. Escuche a esos exgobernadores no como aplaudidores cautivos, sino como espejos de lo que Tlaxcala fue y podría ser mejor.
Admita que el rezago social, pese a los programas, aún muerde en los rincones olvidados; que la economía crece (¡9 mil millones en inversiones!), pero no lo suficiente para que los jóvenes no emigren a Estados Unidos como paisanos héroes.
Segundo, modifique el gabinete: inyecte sangre fresca, no por capricho, sino por necesidad. Ese “gabinete legal y ampliado” que tanto se alaba necesita un relevo que priorice la ejecución sobre la lealtad ciega.
Imagine: con autocrítica genuina y un equipo renovado, esos aplausos podrían dejar de ser coreografiados y volverse espontáneos, como las porras que cada quincena le surgen a los Coyotes de Tlaxcala.
En fin, señora gobernadora, el escenario cambia —del Centro de Convenciones a la Ciudad de la Cultura—, pero la historia es la misma si no se escribe con tinta honesta.
Tlaxcala, guerrero siempre, pero bondadoso también, merece un final que no sea solo de aplausos, sino legado real. ¿Se atreverá a girar el guion en estos dos años? El pueblo, con su calidez exigente, está esperando y está usted a tiempo. Apueste por un Tlaxcala para los tlaxcaltecas.
Las tres de ley… 1- La Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET) manifiesta su más enérgica condena y repudio ante los hechos ocurridos la tarde del sábado 6 de diciembre de 2025 en el bloqueo de la carretera Apizaco-Tlaxcala, a la altura de Santa Úrsula Zimatepec
2- Ahí el Coordinador de Agentes y Coordinadores Municipales de la Dirección de Gobernación del Estado, Marcos Caporal Portillo, agredió verbalmente e intentó censurar de manera arbitraria e ilegal a un periodista que cubría legítimamente la protesta ciudadana.
3- No estamos dispuestos a permitir que el ejercicio periodístico se limite so pretexto del estado de derecho. La hostilidad no es autoridad y no la pensamos normalizar.



