Paty Morales / Columnista
Paty Morales / Columnista
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La lucha es como un círculo, se puede empezar en cualquier punto, pero nunca se termina.

Subcomandante Marcos.

El país que hoy conocemos y sus instituciones, cobraron vida y tomaron forma en los últimos treinta años.

Desde la reforma electoral en 1996, cuando se reconfiguraba la elección e integración de diputados y senadores para dar paso a la pluralidad a través del sistema de partidos, hasta este momento con los planes del ejecutivo, México está en juego.

La política nos cambia a todos. Adoptamos sectas, colores y compromisos sin pensar en las consecuencia sociales. Puede, que esta sea la única razón (falta de prospectiva) que justifique el actuar errático del partido oficial.

Hablar de Morena en México, dejó de ser una promesa de sobremesa hace más de siete años; pues al convertirse en gobierno, asumió el reto pero, sin la ruta para hacer realidad las demandas que le llevaron al frente, el movimiento no cambió lo que prometió.

Es por esta razón que, es una necesidad urgente hablar de la perredización de Morena. No es un movimiento que surja de la casualidad y si el juego de palabras lo permite, la causalidad lo llevó al momento clave que ahora atraviesa el mundo en su geopolítica internacional, con los conflictos beligerantes a raíz del petróleo, de las diferencias ideológicas y siempre el imperante deseo humano, en palabras de Tears for Fears: Everybody wants to rule the world

 La presión sobre el control territorial que ejerce Estados Unidos sobre nuestra nación, es nueva en estas dimensiones. Pero, lo que dejó de ser novedad fueron las detenciones, los cercos militares y las operaciones estratégicas para capturar líderes criminales; no es nuevo bajo el sol, porque venimos de sexenios con vínculos y servidores infiltrados.

Juzgar al partido en el poder y a los servidores de la nación con el mismo rasero, con el que midieron a la clase política durante años, es impostergable.

Así como lo es, desterrar la política de la hipocresía que mantienen para encubrir la cultura política del perdón de los pecados, porque sino, son privilegios.

Partiendo de la ventajas que representa un sistema electoral a modo, acomodar las fichas del sistema resulta sencillo… Si cuentas con los números suficientes, cosa contraria hemos visto en el orden de los votos, y las indicaciones de la cámara baj, pero esa es falta de disciplina.

Las anteriores son las señales de una fragmentación acelerada. A todos los partidos les ocurre, pero en el breve tiempo que es el mundo, el desmoronamiento ha durado solo un instante.

Éste es un anuncio: estamos en crisis política. Pero quien más la sufre, son los partidos políticos, quiénes en el abanico de la oferta política, logran cerrar sus opciones ante el ciudadano, de por medio se lleva la credibilidad ya mermada de un régimen con desgaste acelerado.

En poco más de un sexenio, la maquinaria está aceitada pero no tienen quién la opere, y han perdido el motivo para usarla.