MÁS CLARO NI EL AGUA

OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
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La designación de la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera como coordinadora de la defensa de la transformación en Tlaxcala no dejó margen a las interpretaciones acomodaticias ni a las especulaciones de pasillo. El proceso se apegó de manera impecable a los lineamientos estipulados en la convocatoria emitida por la dirigencia nacional de Morena, demostrando que las encuestas internas —instrumento supremo de medición del movimiento— tuvieron un peso específico irrefutable donde Rivera se consolidó, de principio a fin, como la puntera indiscutible en la preferencia de la ciudadanía.

La transparencia del ejercicio quedó debidamente acreditada en la reunión previa al anuncio oficial. Con los estudios demográficos y las muestras desglosadas sobre la mesa, se dio plena certeza metodológica al dictamen. Esta pulcritud fue confirmada tanto por la dirigencia nacional del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) como por los propios contendientes del proceso: tanto Raymundo Vázquez Conchas, Carlos Augusto Pérez Hernández como Salvador Santos Cedillo reconocieron los números y actuaron con altura de miras, haciendo un llamado inmediato a cerrar filas y trabajar en unidad en torno a la coordinadora designada.

Esa misma voluntad de suma fue la que marcó el discurso inaugural de la nueva coordinadora. En su mensaje, Ana Lilia Rivera dio muestra de una apertura política total, enviando un llamado constante y franco a la unidad, la inclusión y el trabajo en equipo. Sin espacio para la revancha ni la exclusión, la senadora dejó en claro que la construcción del segundo piso de la transformación en Tlaxcala requiere de todas las fuerzas, sostuvo que nadie sobra y que todos son necesarios, además de convocar al diálogo con quienes participaron en la contienda.

En este marco, la inconformidad exhibida por Alfonso Sánchez García y su abierta ausencia en el protocolo de designación debe entenderse como una reacción impulsiva al calor de la efervescencia del momento. Una derrota interna puede provocar molestia, decepción y reacciones inmediatas. Pero la política también es negociación, construcción de acuerdos y capacidad de reacomodo. Convertir una ausencia en una ruptura definitiva sería adelantarse a acontecimientos que todavía no suceden.

Con detenimiento debemos observar lo manifestado por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, de aceptar y reconocer la designación de Ana Lilia Rivera, si de verdad está dispuesta a respaldar el fallo del partido y cerrar filas en torno a la nueva coordinación, o si continúan prevaleciendo la animadversión política o una estrategia de confrontación, y la postura se queda en una simple simulación institucional.

Es aquí donde realmente se definirá si habrá acuerdo político y cierre de filas en torno al movimiento de la Cuarta Transformación, a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y a la recién designada coordinadora, o si, por el contrario, se consumará una ruptura definitiva con quienes hasta ahora han formado parte de esta misma ruta política. —Al tiempo—.

El compromiso ético recae ahora de forma directa sobre el alcalde capitalino con licencia. Al inicio del proceso, Alfonso Sánchez firmó de su puño y letra estar de acuerdo con los lineamientos de la convocatoria y, en semanas recientes, ratificó públicamente que aceptaría los resultados fuera cual fuese el desenlace. Desconocer hoy lo pactado no solo rompería su palabra empeñada, sino que dejaría una lectura devastadora para la opinión pública: El confirmar que su participación nunca buscó consolidar la transformación de Tlaxcala, sino saciar intereses personales y de los grupos oligárquicos de Tlaxcala que siempre han sido ajenos al proyecto al que se comprometió representar.