MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En Tlaxcala, la paciencia se agota y la desesperación prende como pólvora. Lo que antes era un eco lejano del sur, los intentos de linchamiento, hoy resuenan en municipios como Panotla y San Pablo Apetatitlán, donde la ciudadanía, harta de la inseguridad, toma la justicia en sus manos.

En San Ambrosio Texantla, Panotla, Pedro N., de 39 años, estuvo a punto de convertirse en víctima de la furia popular tras ser sorprendido en un presunto robo. Las campanas del pueblo sonaron, los vecinos se organizaron y, aunque dos de sus cómplices huyeron, él fue atrapado. La intervención policial evitó una tragedia, pero el mensaje es claro: la gente está cansada.

Un día antes, en San Pablo del Monte, la chispa de la indignación desató el caos. Tres presuntos ladrones fueron interceptados por una turba en el Barrio del Cristo. Su camioneta, atrapada en un campo, ardió bajo la ira de los habitantes.

La policía municipal llegó, pero en lugar de calmar los ánimos, presuntamente desató una balacera que dejó a Brenda N. muerta por un disparo en el cuello, un hombre herido y dos oficiales retenidos por la comunidad. La tensión escaló, y las acusaciones contra un policía como responsable de los disparos no se hicieron esperar.

Mientras tanto, en Apetatitlán, la seguridad pública es un chiste de mal gusto. Un policía fue captado durmiendo en plena jornada laboral, una imagen que se viralizó y desató la furia de los vecinos.

El alcalde Azain Ávalos Marbán, más ocupado en coquetear con el morenismo que en liderar, queda exhibido por la desidia de su administración. La falta de disciplina y profesionalismo en la corporación es un reflejo de su incapacidad para garantizar seguridad.

Estos episodios no son aislados. Son el grito de una sociedad que, ante la inacción de las autoridades, ve en la justicia por mano propia una salida. Pero el costo es alto: vidas perdidas, comunidades fracturadas y una confianza en las instituciones que se desvanece. Tlaxcala arde, y nadie parece dispuesto a apagar el fuego.

Las tres de ley… 1.  Daniel Moncayo Cervantes se perfila para relevar a Fabricio Mena como embajador del Turismo en Tlaxcala, impulsado por su gestión en la Olimpiada Nacional Moncayo no parece tener contendiente serio para llevar ambas chambas.

2.  La justa deportiva, que garantizará 15 mil habitaciones en Apizaco, Tlaxcala y Huamantla, consolida a Moncayo como un operador clave para los empresarios del ramo turístico, aunque su relación laboral con Mena sigue siendo un misterio, y si no hay relación pues le hace trabajo gratuito.

3.  Del 16 de mayo al 3 de julio, la Olimpiada Nacional será el escenario donde Moncayo demuestre que su llegada al deporte fue tardía, pero su impacto en el turismo supera al del titular actual, perdido en Baja California comiendo langosta y una que otra mosca.