MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Mientras el resto del país aún discute si 2027 está lejos, en Tlaxcala el reloj de Morena ya corre. El cierre del registro de las Coordinaciones Municipales de los Comités de Defensa de la Transformación, el pasado 18 de octubre, no fue un trámite burocrático, fue el primer filtro real de la disputa por los ayuntamientos más codiciados del estado.

En Apizaco, el municipio que más atención mediática ha concentrado, la contienda interna ya tiene rostros: Marina Aguilar López, exsíndica panista reciclada primero al PT y ahora a Morena, se registró. La diputada Lorena Ruiz hizo lo propio, pero también apareció Maura Hernández Fernández. 

El alcalde Javier Rivera Bonilla, en cambio, decidió no inscribirse y esperar “la línea del partido”. Esa decisión no es inocente: revela que en Morena la reelección municipal no se decide en el territorio, sino en las oficinas donde se pesan lealtades, control de estructura y utilidad electoral.

En la capital, Katy Valenzuela formalizó su registro alineada al grupo de Ana Lilia Rivera; en Ixtenco y Hueyotlipan, los diputados Miguel Ángel Caballero “Yonca” y Vicente Morales aparecen como perfiles naturales… al menos mientras el control del partido se mantenga como actualmente se encuentra.

Fuera de estos municipios, el silencio es ensordecedor. Chiautempan, Huamantla, Zacatelco, Contla y Calpulalpan apenas han dejado rastros públicos; eso no significa que no haya aspirantes, significa que muchos prefieren moverse en la penumbra hasta que la Comisión Nacional de Elecciones (CNE) publique, a más tardar el 31 de diciembre, la lista de registros aprobados. Para Apetatitlán Dennise Hernández Camacho parece perfilarse sin complicaciones.

El diseño del proceso es deliberado. Registro exclusivamente digital, valoración discrecional de perfiles, posibilidad (no obligación) de encuestas y un margen amplio para la dirigencia nacional. 

No es un ejercicio de democracia interna abierta, es un mecanismo de control territorial anticipado. Quien encabece la Coordinación Municipal no es todavía el candidato a la alcaldía, pero se convierte en el organizador oficial del movimiento en ese municipio y, en la práctica, casi siempre termina siendo el perfil mejor posicionado para llevar la candidatura.

Lo que estamos viendo no es una simple renovación de estructuras, es la construcción, con casi un año de anticipación, del mapa de poder municipal de Morena en Tlaxcala. Y ese mapa se está dibujando con poca luz pública y mucha concentración de decisiones en un partido que no garantiza nada, hasta que no se le devuelva la legitimidad a través de una limpia.

Hasta ahora, los perfiles más visibles incluyen varias mujeres -Marina Aguilar, Lorena Ruiz, Katy Valenzuela, Maura Hernández-. Esto no es casual; la convocatoria obliga a observar paridad y es probable que en la designación final se prioricen mujeres en varios municipios clave, especialmente donde la oposición también apuesta por candidatas. 

El resultado será un mapa de coordinaciones con fuerte presencia femenina, aunque eso no garantice automáticamente que esas mismas mujeres terminen siendo las candidatas en 2027, pues dependerá de los partidos defender su autonomía ante el “ordenamiento” que pretenden hacer desde el Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) para obligar las postulaciones.

En la capital, la alineación de Katy Valenzuela con Ana Lilia Rivera envía una señal clara. Si la CNE privilegia a un grupo sobre otro en municipios estratégicos, el resentimiento puede trasladarse a la campaña de 2027. La unidad que predica la dirigencia nacional se pondrá a prueba precisamente en estas designaciones.

En síntesis: Morena no está improvisando, está diseñando, con anticipación y con poco ruido, el andamiaje territorial que necesita para defender o expandir su poder municipal en Tlaxcala. 

La pregunta no es si tiene estrategia, pero uno se cuestiona si esa estrategia, tan centralizada y discrecional, logrará mantener la cohesión interna cuando las designaciones se hagan públicas y algunos se sientan desplazados.