La confrontación de grupos en Morena abre el camino a un obradorista

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La sucesión gubernamental de 2027 en Tlaxcala ha comenzado a mostrar dos rutas claramente definidas dentro de Morena. Por un lado, se encuentra el grupo encabezado por la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, cuya trayectoria política ha estado marcada por una presencia constante en el movimiento obradorista y por una base social que le ha permitido mantenerse vigente en la preferencia de amplios sectores de la población.

En la otra esquina aparece el bloque que impulsa a Alfonso Sánchez García, respaldado por una estructura de poder que incluye a funcionarios estatales, legisladores locales y actores del aparato institucional que buscan mantener influencia en las decisiones políticas del estado más allá de la actual administración.

La confrontación entre ambos grupos ya es inocultable. Mientras unos apelan a la legitimidad que otorgan las bases y el trabajo territorial, otros parecen confiar en la operación política desde las estructuras gubernamentales. El riesgo para Morena es evidente: una lucha interna prolongada podría fracturar al movimiento y abrir espacios a la oposición en una entidad que pretende repetir el triunfo y el dominio político de la Cuarta Transformación.

Sin embargo, en medio de esta disputa emerge una tercera figura que genera consensos y unidad entre distintos sectores del morenismo. Se trata del tlaxcalteca Óscar Flores Jiménez, quien ha construido una imagen asociada al trabajo institucional, la capacidad de gestión y una relación menos confrontativa con los diversos grupos que integran el partido.

A diferencia de los bloques que hoy protagonizan el choque político, Óscar Flores Jiménez representa para muchos militantes la posibilidad de preservar la unidad interna sin sacrificar la competitividad electoral. Su perfil se percibe como una alternativa real y capaz de tender puentes entre las distintas corrientes de Morena, evitando que las diferencias personales y los intereses de grupo terminen por debilitar al movimiento.

La principal fortaleza de Óscar Flores Jiménez radica en que no carga con el desgaste que hoy acompaña a la confrontación entre los grupos de Ana Lilia Rivera y Alfonso Sánchez. Mientras unos y otros intercambian señales de fuerza y posiciones de poder, él aparece como un actor que ofrece unidad, legitimidad, estabilidad, gobernabilidad y resultados.

Morena deberá decidir si apuesta por profundizar la polarización interna o si privilegia un perfil que garantice unidad y cohesión. Porque más allá de las aspiraciones personales, los tlaxcaltecas evaluarán quién tiene la capacidad de mantener el rumbo de gobierno, generar resultados y ofrecer certidumbre.

En ese escenario, la figura de Óscar Flores Jiménez comienza a perfilarse como una opción capaz de reunir los elementos que hoy demanda el morenismo: trabajo, resultados, unidad y legitimidad. Y en política, cuando una candidatura logra representar esos cuatro factores al mismo tiempo, suele convertirse en una alternativa difícil de ignorar.