Como gobernador de Tlaxcala de 2004 a 2010, Héctor Ortiz Ortiz sabe qué es el poder y para qué sirve. En ese sentido, que su sugerencia sea la de construir contrapesos en el país, para que ningún poder esté sobre otro poder, es de tomar en cuenta.
Sin decirlo, implícitamente hace un llamado a no votar por el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y sus aliados, sino más bien, a favor de otras fuerzas políticas, la suya, por supuesto, incluida.
Morena tiene el poder en el ámbito nacional y en el ámbito local, por lo cual, la clara sugerencia es que, en el caso de Tlaxcala la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros no tenga la mayoría parlamentaria que tuvo durante la actual Legislatura.
Y que la próxima presidencia, ya sea con Claudia Sheinbaum o Xóchitl Gálvez, tengan contrapesos en el Congreso de la Unión, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores. Hacer un voto diferenciado, pues.
Llama la atención lo que sus palabras representan para el ámbito local, sobre todo porque durante la campaña de 2021 hubo claras advertencias de la actual titular del Ejecutivo para que la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT) dejara de tener un cacicazgo que por años -según señalan los adversarios políticos- ha tenido, y que han ejercido dos grupos, uno de ellos el del propio Héctor Ortiz, el más predominante hoy en día.
La rispidez, sin embargo, duró poco, al grado de que han limado asperezas. ¿Cómo se ve ese acuerdos de paz política? En el Congreso del Estado. O dígame usted qué papel ha ejercido la presidenta de la Comisión de Educación en la máxima tribuna.
La diputada Alejandra Ramírez Ortiz se ha convertido en una aliada política para apoyar todas las iniciativas provenientes de Palacio de Gobierno y aquellas surgidas de la bancada de Morena.
No dudo que en reciprocidad, antes de concluir la actual Legislatura veamos el nombre de la Universidad Autónoma de Tlaxcala en letras doradas colocadas en los muros de la sesiones del Poder Legislativo.
En la coyuntura de un proceso electoral local tan importante como lo será el de 2027, un actor central será seguramente el del ex gobernador Héctor Israel Ortiz Ortiz, a fin de concretar alianzas políticas que lleven un triunfo a la gubernatura. Si alguien sabe “tejer fino” y bien, es él, como muestra el 2004.
Por supuesto, no es el único. Por eso el resto de las fuerzas partidistas han intentado postular a sus figuras “más sobresalientes” con candidaturas a las diputaciones plurinominales, como es el caso del Partido del Trabajo (PT) con Silvano Garay Ulloa, que en el actual proceso electoral rompió lanzas con la mandataria estatal.
Otros más al menos lo intentaron, como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que por cuestiones de género no pudo postular en el número de su lista a Jaime Piñón Valdivia, sin embargo la dama que ingresará -Soraya Bocardo Phillips- tiene las facultades y experiencia para representar al tucán. Pero no son los únicos casos.
Por otra parte, de la entrevista con Héctor Ortiz, por supuesto que es importante su reconocimiento a la posibilidad de que el instituto al que pertenece, Alianza Ciudadana (PAC), pierda su registro estatal como apunto estuvo de perderlo en 2021.
Es así porque al afirmar que no sería una catástrofe, abre la puerta a construir un nuevo instituto político. El mundo no se le cierra y en su respuesta muestra la madurez e inteligencia que el instituto necesitaba.
Por lo demás, su rechazo de que la máxima casa de estudios de Tlaxcala es utilizada para favorecer candidaturas y al mismo PAC, pocos o muchos podrán creer tal aseveración. Estudiantes y catedráticos han denunciado en no pocas ocasiones esos intentos.
Hay que decir, sin embargo, que cada vez menos el grupo político que encabeza la UAT ha tenido éxito en los últimos tiempos y en eso muchos al interior sostienen que se debe a la protección que reciben del líder moral de esa institución. “Don Héctor se preocupa y ocupa de que no existan señalamientos y blinda a la UAT”, me han dicho algunos de los catedráticos.
Pese a ello, no deja de ser cierto que la UAT representa un grupo político importante e influyente. Y si no, hay que preguntar a Mariano González Zarur, que como gobernador no pudo destruir a uno de sus más odiados enemigos políticos, Héctor Ortiz Ortiz. La razón: haber perdido la gubernatura en 2004.
El hecho es que encabezar la lista plurinominal da confianza a la base electoral del partido local, Ortiz es un monstruo electoral al que se ve con respeto al interior del PAC y con miedo desde otras trincheras.
Sostener que Apizaco y Tlaxcala son municipios competitivos no lo dice como discurso, conoce su capacidad y evidentemente es autocrítico de su realidad.
Los adversarios deben estar atentos de lo que se planea en ambas demarcaciones, pues SAGA y Adán Pimentel se han convertido en los caballos negros del PAC. La autocomplacencia no es del agrado del hombre que sacó de la jugada a Mariano González Zarur. Él juega a ganar o no juega, aunque también sabe a qué sabe la derrota.
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