MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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Nadie ajeno a los intereses locales debería involucrarse en las elecciones del país en el 2027. Este principio debería generar un eco auténtico tanto a nivel estatal, regional o nacional, y no utilizarse únicamente como escudo retórico para defender la soberanía nacional. Porque injerencia es injerencia: venga de Washington o de los gobiernos estatales que pretenden condicionar el proceso electoral tlaxcalteca.

“La patria no se vende; se ama y se defiende”, proclamó ayer la presidenta Claudia Sheinbaum ante miles de personas en el Paseo de la Reforma. Coincido con ella en que la soberanía debe ser un punto de unidad frente a cualquier intervención extranjera. Sin embargo, esa misma exigencia debe aplicarse también hacia adentro del país. ¿o aquí si se vale violentar la voluntad democrática del pueblo?

Si se les preguntara a los cientos de tlaxcaltecas que ayer fueron “convocados” —por no decir obligados— al Zócalo de Tlaxcala, sin duda que ellos también exigirían el cese inmediato de injerencias en la elección del 2027. ¿Por qué su voz debería valer menos?

Basta observar el presidium del evento: la omnipresente figura de Alfonso Sánchez García, convertido en eje de un gobierno estatal que interviene una y otra vez, de forma directa e indirecta, en el proceso electoral que se avecina. Esta intromisión duele más porque no proviene de un adversario externo, sino de quien juró cumplir y hacer cumplir la ley, y la violenta cuando le viene en gana.

Lo mismo ocurrió en otras entidades gobernadas por la 4T: trabajadores obligados a asistir y a llevar consigo a más personas para “solidarizarse con la patria”. Muchos mexicanos rechazamos la narrativa opositora simplista contra Claudia Sheinbaum y Morena, pero utilizar la bandera nacional como herramienta de proselitismo partidista en cada estado, eso es otra cosa.

Mientras en la Ciudad de México se enarbolaba el discurso de la soberanía con un eco que dejó muda a la oposición por la impecable argumentación de la presidenta del país, en Chihuahua el PAN reunió a sus principales figuras —incluidos los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón— para respaldar a la gobernadora Maru Campos. El saldo todos lo sabemos: Maru Campos acabó todavía más desprestigiada.

En la misma entidad donde dos días antes los panistas se golpearon por la falta de pago en el acarreo, Felipe Calderón criticó que la soberanía “no se defiende con discursitos”, y exigió “fuerza del Estado” contra el crimen… pero omitió, una vez más, cualquier mención a Genaro García Luna, su exsecretario de Seguridad, ya condenado en Estados Unidos por narcotráfico.

Tanto Calderón como Maru Campos denunciaron un supuesto “narcogobierno” y un “Estado autoritario”, sin más argumentos que los de sus patrocinadores yanquis que los utilizan para meter la mano en el país, tal y como lo han hecho en Venezuela con los resultados que todos conocemos. Fox, por su parte, llamó abiertamente a ganar las elecciones intermedias de 2027 para frenar a Morena.

Al PAN le urge ganar con la intervención extranjera, lo que los votantes en el país ya no les dan: una elección, una curul, un gobierno, una presidencia al menos. Que Calderón, Fox, Zavala, Campos y otros impresentables del Yunque hayan sido los iconos de ese movimiento no hizo más que exhibir la credibilidad y legitimidad de su defensa a la gobernadora Maria Eugenia Campos, que va que vuela para ser su nueva candidata al gobierno federal, como ayer lo fue Xóchitl Gálvez.

El contraste es evidente porque mientras Sheinbaum realizó este evento para mostrar músculo y el respaldo del pueblo a su figura, intentando mermar la intención injerencista de los gringos,  4T de los gobiernos estatales nacionalizó la bandera para justificar presiones y movilizaciones forzadas. La oposición intentó lo propio reagrupándose con las mismas figuras que prometen defender la soberanía pero que cargan con graves cuestionamientos de su propio pasado.

A los tlaxcaltecas nos corresponde rechazar todas sus lógicas. Ni injerencia extranjera, ni intromisión del gobierno estatal o federal en nuestros asuntos internos. La verdadera soberanía también se ejerce defendiendo el derecho de cada entidad federativa a decidir su futuro, sin tutelajes externos, ni internos.

Tlaxcala desea y quiere elegir en libertad en el 2027. Sin transportes obligados, sin presión desde el centro, ni desde ningún otro poder; porque defender la patria también significa defender la autonomía de sus pueblos y entidades por grandes o pequeñas que sean. Ya sea con argumentos o con gritos, lo mejor será con el poderoso peso del ejemplo.