Los aficionados del futbol pronto cruzarán continentes para ver a sus queridas selecciones nacionales competir en el mayor escenario del deporte: la Copa del Mundo. Llenarán bares y zonas de aficionados, entonarán cánticos y debatirán quién va a ganarlo todo.
Sin embargo, esta vez es diferente para algunos fanáticos, quienes afirman que los organizadores han hecho que este Mundial sea el menos acogedor que han vivido. Los precios de las entradas, los costosos viajes de un extremo a otro del país y las preocupaciones por ingresar a Estados Unidos han llevado a algunos a quedarse en casa.
El trabajador de informática Mike Wilson, radicado en Londres, ha asistido a cuatro Mundiales en los últimos 20 años. Este verano se quedará en Europa y verá parte del torneo desde una playa portuguesa.
Al médico argentino Emiliano Becerra le gusta seguir a su selección en cada paso de la fase de eliminación directa. Esta vez asistirá a dos partidos en los albores del torneo y luego volará de regreso a casa.
El gerente financiero Peter Bergakker, nacido en los Países Bajos, voló a Sudáfrica para ver a la selección neerlandesa jugar la final de la Copa del Mundo de 2010. Pero, sin importar hasta dónde avance la “Oranje” este verano, aseguró que no viajará a Estados Unidos.
No está claro cuántos aficionados se están quedando al margen, pero las señales de advertencia son palpables.
Las reservas de hotel han sido más bajas de lo esperado en muchas ciudades sede en Estados Unidos. Mientras tanto, el presidente de la asociación de agencias de viajes en el futbolero Uruguay dijo que han organizado paquetes turísticos para unos tres mil aficionados, una cifra significativamente menor que la de quienes asistieron a Mundiales recientes.
La cantidad de aficionados capaces de viajar y tomarse semanas libres del trabajo para alentar a su selección durante la Copa del Mundo, comprensiblemente, se inclina hacia los más adinerados. Pero torneos anteriores se mantuvieron accesibles para hinchas que, en algunos casos, ahorraban durante años para pagar vuelos y entradas.
Hace cuatro años, las entradas de menor costo (Categoría 3) para partidos de la fase de grupos tenían un precio de 69 dólares. Este año, la FIFA las ha estado vendiendo por hasta 265 dólares.
Los dos últimos torneos, en Rusia y Qatar, ofrecieron a los aficionados que asistían a los partidos transporte gratuito entre ciudades sede, aunque muchos encuentros estaban mucho más cerca entre sí que la vasta área cubierta por los 16 estadios que albergan partidos en Estados Unidos, Canadá y México.
Y aunque allí la FIFA no permitió que los aficionados vendieran sus entradas en el sitio oficial de reventa por encima del precio nominal, el organismo rector ha adoptado un enfoque distinto esta vez: alentar a los aficionados a revender las entradas al precio que quieran, mientras la FIFA se queda con un 30 por ciento en comisiones.
La FIFA no respondió a una solicitud de comentarios el jueves, pero anteriormente ha defendido los precios de las entradas como un reflejo de una demanda “récord”.
Mundial 2026: entradas de reventa alcanzan precios récord
Tomonori Akutsu, quien vive en las afueras de Tokio, dijo que si hubiera sabido lo caro que sería este torneo cuando empezó a hacer planes, quizá habría reconsiderado asistir a su sexta Copa del Mundo consecutiva.
Sin duda, considera que Estados Unidos ha sido el peor anfitrión, y que los organizadores del torneo han demostrado una “falta total de hospitalidad en todos los aspectos”, citando cosas como los precios de las entradas, un mercado de reventa inflado, hoteles caros y festivales para aficionados que cuestan dinero para entrar.
“Simplemente, mi impresión es: ‘esto es América’, el capitalismo definitivo”, manifestó Akutsu.
El argentino Becerra gastó mil 100 dólares para ver a Argentina derrotar a Francia en la final de 2022 en Qatar. En las últimas tres Copas del Mundo, siguió a Argentina durante las rondas de eliminación directa.
Esta vez no.
Este año pagó aún más —mil 200 dólares— por una entrada de reventa para ver el partido de Argentina contra Jordania, un rival de menor jerarquía, en Dallas.
“Es una locura absoluta, es sólo un partido de fase de grupos”, expresó Becerra, un oftalmólogo de 64 años que vive en Neuquén, en el norte de la Patagonia.
Becerra regresará a casa antes de que comience la fase de eliminación directa. Los precios, dijo, “simplemente no son posibles para mí”.
Wilson, el especialista en informática de Inglaterra, contó que él y sus amigos optaron por saltarse el torneo de este verano porque no podían justificar gastar los precios que estaban viendo.
Wilson nunca había gastado más de 200 dólares por un partido de la Copa del Mundo, una cifra que, en el mercado de reventa, apenas alcanza para un asiento en las filas más altas en un partido de fase de grupos entre dos equipos poco conocidos. En su lugar, él y sus amigos reservaron una escapada a Portugal.
Para Wilson, el Mundial tiene más que ver con el ambiente que con los partidos.
“Eso es lo grandioso de estos torneos: estás sentado en un hostal, charlando con aficionados de Estados Unidos, y luego vas a un bar a la vuelta de la esquina y hay un montón de chilenos que acaban de adueñarse del lugar”, recordó Wilson al evocar una noche memorable en Johannesburgo en 2010. “Ese tipo de cosas es lo que hace a la Copa del Mundo. Pero ahora simplemente han dejado a todos fuera por el precio”.
Mark Doidge, sociólogo de la Universidad de Loughborough, en Inglaterra, dijo que los Mundiales desde hace tiempo se han definido por sus aficionados viajeros, y señaló al famoso “El Cole” de Colombia y el mar de cruces de San Jorge en cada partido de Inglaterra. El aumento de los costos, advirtió, pone en riesgo perder precisamente a esos hinchas.
“La mayoría de quienes compran entradas caras no son esos aficionados apasionados, sino gente adinerada que paga por una experiencia”, sostuvo.
Los requisitos de entrada a Estados Unidos también podrían estar limitando a los visitantes internacionales.
A diferencia de Rusia en 2018, que eximió de visado a quienes tenían entradas, y de Qatar en 2022, que agilizó el ingreso para los aficionados, muchos de los que viajan a Estados Unidos aún enfrentan estrictos requisitos de visado.
Hasta que Estados Unidos dio marcha atrás el mes pasado, los aficionados con entradas de Argelia, Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal y Túnez incluso iban a tener que pagar hasta 15 mil dólares en fianzas para entrar al país.
Más allá de las entradas: los temores de los aficionados para viajar al Mundial 2026
Funcionarios de Estados Unidos han rechazado las preocupaciones sobre que los visitantes se encuentren con un ambiente poco acogedor, y el grupo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa del Mundo ha destacado esfuerzos para priorizar entrevistas de visado para aficionados con entradas.
Andrew Giuliani, quien encabeza el grupo de trabajo, desestimó el jueves las inquietudes de que los seguidores tradicionales que viajan puedan estar quedándose al margen.
“Queremos que tanto los superfans como quienes nos visitan por primera vez sepan: Estados Unidos les da la bienvenida a lo que será la mejor Copa del Mundo hasta ahora”, afirmó en un comunicado.
Para algunos aficionados, sin embargo, la preocupación va más allá de los visados y el costo.
Bergakker, un controlador financiero neerlandés de 48 años que vive cerca de Heidelberg, Alemania, dijo que el enfoque “hostil” del presidente Donald Trump hacia los aliados europeos ha cambiado su visión sobre viajar a Estados Unidos.
Bergakker ha asistido a dos Mundiales y cuatro Eurocopas, y dijo que es extremadamente susceptible a la “Oranjekoorts”, la fiebre naranja que se apodera de los aficionados neerlandeses a medida que avanza un torneo.
Una buena campaña de los Países Bajos normalmente bastaría para subirlo a un avión, sin importar el precio de las entradas. Pero Bergakker dijo que le preocupa que sus críticas a Trump en redes sociales puedan causarle problemas en la frontera, una inquietud que la Casa Blanca rechazó. Un portavoz dijo el jueves que una propuesta de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza para examinar las cuentas de redes sociales de los visitantes de la Copa del Mundo nunca se implementó.
Aun así, Bergakker dijo que mientras Trump sea presidente, “este aficionado de la Oranje no visitará” el país.
CON INFORMACION DE LA JORNADA

