El Tala Rangel, etc.

Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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Quizá la importancia del partido de ayer fue ganar a la mexicana, con el suspiro en la boca, con todo en contra, rezando por el pitido final, con el amparo de la virgen y del pato Merlín, con la honestidad de ofrecernos sin reparo y sin dejarse nada guardado, y que ahora eso fuera suficiente para ganar, porque el Mundial —que sí—, no solamente es fútbol, el Mundial es la justa más elevada, es nuestro reflejo y desfogue, es la capacidad y confianza de sentirse representado ante el mundo, es nuestro mayor sentido de pertenencia y uno de los únicos momentos en los que puedes practicar el evangelio y querer a todos (casi a todos) por igual. Juan Villoro pregunta en su columna ‘Identidades licuadas’ de El País: «¿Se puede estar orgulloso de un país al borde del desastre? México existe para practicar esa contradicción. Nuestro lema podría ser: “Nos vamos a la chingada, pero somos a toda madre”.»

¿Se puede estar orgulloso en un país al borde del desastre? Sí. Y, mejor aún: se puede ser feliz en un país al borde del desastre (solamente por dos horas). El único Ser capaz de provocarnos esa amnesia o felicidad es el fútbol. Faitelson, pesado y estúpido (porque siempre los hay), criticó todo el partido porque la selección no jugaba a nada. Poco conocimiento del fútbol y de la vida tendrá, porque en el fútbol y en la vida, también se gana defendiendo y sin ser vistoso, y lo bello del Mundial es que no está pensado para convencer, está diseñado para recordarse en ganar o perder, en felicidad o tristeza. La realidad debería ser más ilusionante que nunca: dos partidos, seis puntos y cero goles en contra, además, los próximos dos partidos se van a jugar en El Azteca. Y luego, que venga ese tal Jude Bellingham y si quieren que empaquen en las valijas a Noel Gallagher.

Estoy probablemente ante uno de los meses más felices de mi vida. Porque eso que palpita en mí puede ser posible, y retumba un indestructible: y si, ¿sí? La vida con el Mundial, en jueves, sale rodada; estoy vibrando a su lado, grito hasta el dolor el churro de gol de Romo y me gusta hasta la taquicardia tras la parada del Tala Rangel que debería exponerse en Bellas Artes. Pero todo lo bueno se termina. Dormí y soñé con un atardecer encapsulado en una parte del cielo de la noche. Muy raro. Desperté sin recordar a Maxi Rodríguez o Arjen Robben pero con la certeza de la ilusión, de sentirme feliz después de mucho tiempo. No sé hasta cuando dure. Es lo bueno de eso, no saberlo.