MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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En Tlaxcala, donde la Cuarta Transformación lucha por consolidarse, Homero Meneses Hernández, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEPE), ha decidido que los tiempos de Morena son un estorbo para su ambición desbocada.

Con un cinismo que haría sonrojar al mismísimo Mariano González Zarur, Meneses se autoproclama “hijo del pueblo” mientras planea desviar recursos humanos y financieros de la SEPE y del estado para lanzarse a la gubernatura de 2027.

En un audio que destila oportunismo, confiesa su estrategia: usar el arranque del ciclo escolar para posicionar su imagen, manipular encuestas internas de agosto y octubre, y pavimentar su camino hacia la sucesión.

Todo esto, mientras pisotea las advertencias de la presidenta Claudia Sheinbaum y la líder de Morena, Luisa María Alcalde, quienes han sido claras: anticiparse es traicionar el proyecto.

Los tiempos de Morena no son los de Meneses eso queda claro, pero los tiempos actuales tampoco porque el que cobra como secretario de educación es un cacique disfrazado de transformador.

Meneses, con una desfachatez que raya en lo caricaturesco, se atreve a equiparar su “Humanismo Mexicano” —un acrónimo burdo de sus iniciales (Homero Meneses)— con un proyecto político, como si los tlaxcaltecas fuéramos a tragarnos esa farsa.

Su plan incluye eventos masivos, como el que pretende reunir a 2,500 personas en Contla el próximo 16 de agosto, y una campaña digital que, con el pretexto de su cumpleaños, inundará las redes con su “cara feita y gordita”, como él mismo bromea.

Pero detrás de esta fanfarria no hay logros que presumir. Su gestión en la SEPE es un desastre: maestros lo tildan de “mentiroso” por promesas incumplidas, y en redes lo despedazan por su ineficacia y por encubrir casos de revictimización de menores. ¿Con qué cara pretende gobernar una entidad cuando no puede con una secretaría?

Peor aún, Meneses se lanza al ruedo con un golpe bajo al alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, a quien él mismo desprecia como “el hijo del exgobernador”, mientras se vende como el mesías popular.

Este intento de demeritar a Sánchez García, el hijo de su ex jefe en el senado de la República, Alfonso Sánchez Anaya, no solo fractura la unidad del “Lorenismo”, sino que pone en riesgo el proyecto de la 4T en Tlaxcala.

Lorena Cuéllar, que ha impulsado avances como el aumento de planteles de nivel medio superior de 106 a 130, merece un equipo leal, no un oportunista que desvía recursos públicos para inflar su ego.

sin embargo Homero lejos de ser el “hijo del pueblo”, parece ser el hijo de Mariano quien confesó haber usado el aparato estatal para operar políticamente a favor de Marco Antonio Mena Rodríguez a quien acomodó como gobernador, aunque ahora se diga arrepentido. La diferencia es que Meneses no tuvo la sutileza para disfrazar su ambición.

En un estado donde la transformación requiere cohesión, Meneses optó por la división, desafiando a Cuéllar y al liderazgo nacional de Morena que no hace más de dos semanas, en el Comité Estatal, dejó claro que el piso parejo sería para todos.

Su estrategia de encuestas amañadas y eventos ostentosos no es más que un remedo de las prácticas priistas que la 4T prometió erradicar.

Tlaxcala tiene un secretario que confunde su cargo con una plataforma de campaña y un “humanismo” que no es más que un culto a su nombre y apellido, tal y como lo anticipé en una columna.

Sheinbaum ha demostrado que el liderazgo se construye con trabajo, no con futurismos. Meneses, en cambio, solo ofrece promesas vacías y una gestión que avergüenza.

Si quiere ser algo más que un pie de página en la historia de Tlaxcala, que empiece por cumplir en la SEPE y deje de soñar con un espacio en Palacio que no le queda. La 4T exige servidores, no caciques. Esos tiempos ya pasaron y se nota que los extraña el que cobró como asesor del ex gobernador y senador al que hoy pretende sacar de la jugada.