Durante años hemos permitido que las diferencias políticas nos dividan. Hemos convertido las preferencias partidistas en trincheras, las redes sociales en campos de batalla y el debate público en un espacio donde parece más importante descalificar que construir.
Sin embargo, bastó un partido de futbol para recordar quiénes somos cuando dejamos de lado las etiquetas.
Por unas horas desaparecieron las siglas, los colores de los partidos, las ideologías y las campañas anticipadas. No importó si alguien simpatiza con la izquierda, la derecha o el centro. Todos gritaron el mismo gol, compartieron la misma ilusión y vistieron el mismo color: el verde de México.
El futbol logró lo que la política no ha podido conseguir: unir a millones de personas alrededor de un objetivo común. Nos recordó que, por encima de cualquier diferencia, compartimos una identidad, una historia y el deseo de ver triunfar a nuestro país.
Quizá esa sea la lección que nuestros gobernantes y actores políticos deberían aprender. La democracia no consiste en dividir permanentemente a la sociedad entre “buenos” y “malos”, entre quienes piensan igual y quienes opinan distinto. Gobernar también implica generar coincidencias, construir puentes y reconocer que la pluralidad no es una amenaza, sino una fortaleza.
México necesita menos confrontación y más puntos de encuentro. Necesita líderes que entiendan que el adversario político no es un enemigo y que el diálogo siempre será más útil que el enfrentamiento.
Si once jugadores pueden hacer que un país entero abrace una misma esperanza, ¿por qué quienes tienen la responsabilidad de conducir el destino de millones no pueden hacer lo mismo?
Ojalá que el entusiasmo que despierta el verde en una cancha no sea pasajero. Que sirva para recordar que, cuando ponemos a México por encima de los intereses personales o partidistas, somos capaces de caminar en la misma dirección.
Porque al final, el verdadero triunfo no está únicamente en ganar un partido. Está en demostrar que la unidad sigue siendo posible. Y ese es el campeonato que México más necesita.
