MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ/INNOMBRABLE
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Hay rectores que dirigen universidades, hay políticos que ocupan cargos y luego está Lenin Calva Pérez, el hombre que logró convertir la Universidad Tecnológica de Tlaxcala (UTT) en un laboratorio experimental de cómo no se debe administrar nada que tenga la palabra “educación” en el nombre. Y si alguien cree que esto es exageración, que escuche a Aquina Castañeda Romero.

La exjefa del Departamento de Recursos Humanos de la UTT, sobreviviente de cáncer, ofreció una rueda de prensa que debería avergonzar a cualquiera que todavía defienda esta administración.

Mientras se recuperaba de quimioterapias y radioterapias —con neuropatía periférica y restricciones médicas por exposición al sol—, la sacaron del cargo de forma irregular.

Según su propio testimonio, no llegó el oficio formal de la Secretaría de Anticorrupción que exige el procedimiento para jefes de departamento.

Llegaron sin documentos y le dijeron, en esencia: “Firma y adiós”. Ella se negó; solo firmó una semana antes de denunciar públicamente lo que le hicieron.

Castañeda Romero no se anduvo con rodeos, acusó directamente al rector Lenin Calva Pérez y al director administrativo Daniel Herrera Carvajal de ser quienes dan las instrucciones y en el caso del este último de ser su acosador.

Sí, por extraordinario que parezca señaló que Herrera la acosó laboralmente durante todo su tratamiento: le mandaba mensajes exigiendo documentos y fotografías para “verificar” si de verdad estaba enferma.

Ella tiene las evidencias, mientras tanto, le pagaron la incapacidad (eso sí), pero el hostigamiento no paró hasta que la sacaron.

Y aquí viene lo más grave: la exfuncionaria afirmó que la estructura de la universidad está puesta al servicio de intereses políticos.

Que el personal es presionado para apoyar campañas, que les piden dinero, que los montan en camionetas y los mandan a trabajar por candidatos y ella misma dice tener pruebas de que hubo un programa de campaña para un aspirante a gobernador (Alfonso Sánchez García).

Paralelamente la ex trabajadora negó haber filtrado nóminas —información que, por cierto, es pública en transparencia—, y desmiente que ese fuera el motivo de su salida; el mensaje, según ella, fue claro: o te alineas o te vas y ella no se alineó.

Castañeda Romero ya presentó quejas ante Derechos Humanos (sin respuesta) y en la vía laboral, por eso anunció que irá hasta las últimas consecuencias, que enviará carta a la presidenta y que viajará a la Ciudad de México y lo dice con una claridad que duele

“Yo ya no pierdo nada. Ya me sacaron. Los compañeros sí tienen miedo de ser despedidos”. Ese es el contexto real en el que Lenin Calva Pérez se presenta como el rector “responsable y comprometido”.

Mientras una mujer que sobrevivió al cáncer denuncia despido irregular, acoso durante su tratamiento y uso político de la institución, él habla de mesas de diálogo y pide que todos regresen a clases “con unidad”. Lo que en buen castellano se entendería como: “Sigan protestando, yo sigo y seguiré aquí”.

Y esto no es un caso aislado porque desde mayo de 2026 la UTT vive marchas, tomas de instalaciones, paros de brazos caídos y consignas de “¡Fuera Lenin!”. Docentes y trabajadores denuncian despidos sin notificación formal (solo les quitan la carga horaria), laboratorios abandonados, matrícula en caída y nombramientos por cuota política.

Daniel Herrera Carvajal aparece una y otra vez en las denuncias como pieza clave de esa estructura; la comunidad universitaria no solo exige la salida del rector: pide también la del director administrativo.

Y el perfil del rector no ayuda para nada, se trata de un licenciado en Educación Física (LEF) al frente de una universidad tecnológica, con señalamientos públicos de que no cumple el perfil que exige la propia normatividad federal.

Como si pusieran a un chef de tacos al pastor a dirigir un hospital de especialidades y luego se sorprendieran de que no haya quirófanos funcionales.

El gobierno estatal, en su infinita sabiduría, apuesta por el “diálogo”… pero sin aceptar como condición la salida de Calva. Es decir: dialoguemos, pero sin tocar al que está generando el problema.

Brillante estrategia para esta administración, es como intentar apagar un incendio prohibiendo hablar del fuego y mientras tanto, Aquina Castañeda Romero, con la dignidad de quien ya enfrentó algo mucho peor que un despido, pone el dedo en la llaga.

Esto no es solo mala administración, es una estructura que usa la universidad pública como maquinaria política, que hostiga a quien no se alinea y que no tiene escrúpulos ni siquiera con una mujer en tratamiento oncológico.

Señor rector: usted puede seguir hablando de “responsabilidad y compromiso”, pero la comunidad universitaria, y ahora también una sobreviviente de cáncer, le responde con un mensaje mucho más claro. Ya basta de promesas huecas como usted.

La pregunta no es si usted cree que está haciendo un buen trabajo, la verdadera incógnita es cuánto tiempo más se le permitirá seguir demostrando que no lo está haciendo… y a qué costo humano.

Las tres de ley… 1- El “reconocimiento” que la revista Líder In entregó al gobierno de Tlaxcala y en el que se celebra su gestión en seguridad, inversión, educación, infraestructura y combate a la pobreza no es periodismo es endoso mutuo

2- La revista no evalúa resultados con independencia: valida el discurso del gobierno y, al mismo tiempo, se posiciona como interlocutora privilegiada del poder. El “reconocimiento” funciona como acto de legitimación recíproca.

3- Presentar a Vicky Fuentes y a Líder In como avales técnicos es engañoso, porque su función habitual es embellecer la narrativa de quien les conviene proyectar. No se trata de análisis crítico, sino de narrativa favorable al cliente. Fuentes paso de asesorar imagen y peinados a cobrar por hacer lo mismo, pero con menos trabajo y más superficialidad.