El besamanos de la 4T: porras, cartulinas y la política de siempre

NÉSTOR
NÉSTOR
Comparte esta nota

El pueblo… ¿o la estructura? Dicen que era un informe para el pueblo. Pero este 17 de septiembre, en Tlaxcala, la postal contó otra historia.

No precisamente la del ciudadano que llegó por voluntad propia a escuchar a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sino la de funcionarios, trabajadores de dependencias federales y estatales, estructuras institucionales, grupos organizados, porras y cartulinas fosforescentes.

El pueblo estuvo, sí. La pregunta es: ¿cuánto pueblo y cuánto aparato?

Porque una cosa es llenar un recinto y otra muy distinta demostrar que la ciudadanía está ahí por convicción y no porque una estructura gubernamental o política la convocó.

La vieja política… con nuevo logotipo

Hubo torta, manzana y jugo.

Nada extraordinario, desde luego.

Pero la fotografía resulta políticamente reveladora.

La Secretaría de Impulso Agropecuario y sus colaboradores repartiendo refrigerios a campesinos y asistentes recordó aquellas concentraciones de la vieja política priísta donde movilización, alimento y disciplina partidista formaban parte del mismo paquete.

Cambió el color.

Cambió el discurso.

Cambió el partido.

¿Cambió la práctica?

Esa pregunta queda para el lector.

El besamanos también se modernizó

Y luego apareció la pasarela.

Funcionarios buscando la fotografía.

Los grupos políticos midiendo presencias.

Los aspirantes y sus equipos atentos a cada movimiento.

Los saludos convertidos en señales.

Las porras convertidas en mensajes.

Las cartulinas convertidas en escenografía.

Todo perfectamente alineado para proyectar una palabra: unidad.

Pero en política hay algo que todos saben y pocos dicen:

La fotografía de unidad no siempre significa unidad.

Y menos cuando Morena en Tlaxcala se encuentra a las puertas de una definición que puede marcar buena parte del escenario electoral de 2027.

Claudia habló. Los políticos escucharon.

La presidenta estuvo alrededor de 40 minutos en el escenario.

Una parte importante de su intervención fue una clase de historia; el resto estuvo dedicado a los resultados de su administración y a los programas que, desde la narrativa gubernamental, han beneficiado a Tlaxcala.

Lorena Cuéllar tuvo alrededor de 11 minutos.

Prometió cerrar su administración con resultados y obra pública y refrendó su respaldo a Sheinbaum.

Hasta ahí, todo institucional.

Pero alrededor del escenario ocurría otra cosa.

Los políticos estaban tomando nota.

Porque cuando llega una presidenta de la República a una entidad donde se disputa el control político de un partido, cada fotografía puede convertirse en argumento y cada saludo en interpretación.

El saludo que también habló

Sheinbaum saludó a Lorena Cuéllar prácticamente al finalizar su intervención.

Un gesto protocolario.

Nada más.

O nada menos.

En política, incluso lo protocolario puede ser observado con lupa.

Y cuando existen grupos que buscan posicionarse rumbo a 2027, cualquier detalle alimenta lecturas, conversaciones y especulaciones.

Pero hay que decirlo con claridad: un saludo no define una sucesión ni determina una candidatura.

Lo que sí revela es que todos están mirando.

Morena ya parece PRI… ¿o el PRI aprendió de Morena?

La escena tuvo algo de déjà vu.

Antes eran los tricolores.

Después llegaron otros colores.

Ahora predominan los guindas.

Antes eran las porras para el presidente.

Hoy son para la presidenta.

Antes había funcionarios en primera fila.

Hoy también.

Antes había cartulinas.

Hoy son fluorescentes.

Antes había estructuras.

Hoy también.

Entonces viene la pregunta incómoda:

¿La Cuarta Transformación cambió realmente la cultura política o simplemente cambió quién ocupa las primeras filas?

Que cada quien saque sus conclusiones.

Y ahora viene lo bueno

El verdadero examen de Morena en Tlaxcala no fue este evento.

Será la definición de su coordinación estatal.

Ahí se terminarán las porras.

Ahí no habrá cartulinas fosforescentes suficientes para esconder las diferencias.

Ahí se verá quién tiene estructura, quién tiene respaldo político, quién tiene interlocución nacional y quién puede mantener cohesionadas las distintas corrientes.

Porque una cosa es posar junto a la presidenta.

Otra es construir un proyecto político.

Y otra, todavía más complicada, es conseguir que quienes hoy sonríen para la fotografía mañana acepten el resultado.

La foto perfecta y la realidad imperfecta

El evento dejó una imagen impecable para la narrativa oficial:

Presidenta.

Gobernadora.

Funcionarios.

Porras.

Cartulinas.

Unidad.

Pero debajo de esa fotografía permanece una pregunta que nadie puede responder con una porra:

¿Qué tan cerca está esa imagen de la realidad política y social de Tlaxcala?

Porque el pueblo no se mide por el número de cartulinas.

Tampoco por la cantidad de funcionarios.

Mucho menos por el volumen de las porras.

El pueblo se mide en las calles, en los mercados, en las comunidades, en el campo, en los municipios y en las conversaciones cotidianas.

Y ahí es donde comienza la verdadera encuesta.

Así que la pregunta queda sobre la mesa:

¿Fue un informe para el pueblo o un escaparate para la clase política?

Los leo.

Y, por favor, sin porras.