El amor en los tiempos de los ‘Me gusta’

Comparte esta nota
Qué desastre. Mi red social favorita se cae a pedazos. Tuiter, a la que me sigo negando a llamar X, ha diluido los Favoritos a la nada. Los Favoritos eran el espacio predilecto para entrar en la cabeza de personas interesantes; pero antes, tuvieron evoluciones. Primero mudaron a Me gusta y ahora –por orden de Musk–, al vacío. ¿A dónde se irán todos los Me gusta que pusimos? Era simple: tú le picabas al corazón y se iban archivando mensajes autobiográficos, recomendaciones de todo tipo e ideas. Si de verdad querías conocer a una persona, y tenías suerte en que fuera un activo de tuiter, lo primero que hacías antes de ver su línea de tiempo o sus fotos, era ir a los Me gusta. Aquello te decía todo de ella o él. Era el espacio ideal para hurgar en alguien. Stalkear no volverá ser lo mismo.
Tuiter en realidad nos desnuda. No existe la apariencia ni la frivolidad de Instagram y tampoco la levedad hueca de Facebook. Por eso siempre ha tenido un lugar favorito en mi ser. En tuiter te enamoras, peleas, sales fortalecido o disminuido, apuntas películas y reproduces canciones. Libros, muchos libros. A veces politiqueas. Realmente, los Me gusta tenían más sentido y profundidad al de likear simples fotos; likeabas pensamientos e ideas, y allí, en esa sección existía mucha intimidad. Era bellísima la idea de meterme por un momento a la cabeza de las personas. Soy sincero. Entrometerse en los Me gusta, era como ver todo lo que se puede ir subrayando de un libro, pero de la vida misma en una persona en los tiempos de los Me gusta. Mi mundo virtual se desvanece. Tener un Me gusta en común con alguien, te daba directamente y era el filtro ideal para quedar a tomar algo con un nuevo mejor amigo o un futuro amor. Los Me gusta, hicieron mucho por la humanidad.
Por ejemplo, estoy seguro que Nodal y Ángela Aguilar se veían los Me gusta en tuiter. Ellos mismos declararon que su amor tardó en cocinarse. Ayer, discutía férreamente defendiendo su relación mientras me enlistaban uno tras uno otro, todos los defectos de ambos. Cómo podían atreverse a tanto. Que si ambos eran unos inestables, que si Belinda lo sabía desde el primer momento, que si no había respeto al bebé de él. Por defender la libertad a enamorarse, me enteré de una telenovela. Yo solamente concluí que el amor estaba más allá de toda la opinión pública. Fue entretenido. De poderlo, le hubiera puesto un enorme Me gusta al momento de ayer. La virtualidad nos gana. Me gana. Seguiré preocupado por saber ahora cómo nos enamoramos y conoceremos a las personas sin poder ver los Me gusta de tuiter. Tendremos que hablar entre nosotros. Ni modo.