Defendió a una compañera y terminó apuñalado; teme que su agresor quede libre

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* El valiente joven estudiante del IPN se recupera luego de la agresión física que estuvo a punto de quitarle la vida

Lo que comenzó como un intento por proteger a una compañera de clase terminó con Eduardo N., estudiante de octavo semestre de Ingeniería en Transporte del Instituto Politécnico Nacional (IPN), herido de gravedad tras recibir dos puñaladas presuntamente a manos de la pareja de la joven.

De acuerdo con el relato de la familia, los hechos ocurrieron el pasado 14 de septiembre, cuando una estudiante pidió auxilio a Eduardo al presuntamente estar siendo violentada por su pareja, identificado como Víctor N. Durante el forcejeo, el joven habría sido amenazado de muerte y posteriormente atacado con un arma blanca, con heridas cercanas al hígado y al riñón.

Eduardo fue trasladado de emergencia al Hospital General de Zona No. 8 del IMSS, donde, según sus familiares, inicialmente habría enfrentado dificultades para recibir atención por no ser derechohabiente. Posteriormente permaneció varias horas a la espera de atención quirúrgica y fue intervenido hasta la mañana del 15 de septiembre, después de una importante pérdida de sangre.

Tras permanecer aproximadamente dos días hospitalizado, el estudiante fue dado de alta y actualmente permanece en casa de sus padres, con movilidad limitada y sin poder regresar a sus clases. La agresión interrumpió su formación profesional cuando se encontraba en el tramo final de su carrera y tenía previsto concluirla en diciembre.

Sin embargo, el temor de Eduardo y su familia no terminó con las heridas. Señalan que el caso fue clasificado judicialmente como “lesiones agravadas” y no como homicidio doloso en grado de tentativa, por lo que temen que el presunto agresor pueda recuperar su libertad en las próximas horas. La familia sostiene que esta posibilidad representa un riesgo ante las amenazas que, aseguran, habría realizado previamente.

Con recursos económicos limitados —sus padres se dedican al comercio informal mediante la venta de desayunos—, Eduardo cuenta con un abogado de oficio y busca respaldo de organizaciones y activistas para dar seguimiento jurídico a su caso. La familia también solicita la intervención del IPN y de las autoridades de procuración e impartición de justicia para garantizar su seguridad y revisar el proceso.

Finalmente, mientras Eduardo intenta recuperarse de las lesiones que cambiaron temporalmente su vida académica y personal, la familia teme porque el hombre señalado como agresor queda libre y pueda vengarse.