Apizaco, después de la capital del estado, es la municipalidad políticamente más importante de Tlaxcala.
Su historia electoral local tiene dos etapas: la primera dominada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hasta 2001, cuando pierde el ayuntamiento para no recuperarlo hasta el momento; y la segunda suma 23 años, es decir, siete elecciones, donde de plano el partido tricolor dejó de tener la confianza de las y los electores apizaquenzes.
De los siete gobiernos municipales de Apizaco no priístas, uno lo encabezó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), otro el Partido del Trabajo (PT) y los cinco últimos Acción Nacional (PAN), instituto político que se convirtió en la primera fuerza política local, aunque en 2021 estuvo cerca de perder la elección ya que solo logró el 20 por ciento de los votos.
En aquellos comicios el blanquiazul salió airoso gracias a que del lado del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se cometió un yerro en la postulación de su abanderado, dividiéndose su fuerza electoral en otras cinco candidaturas. Si todas ellas se hubieran sumado, sin duda que habrían derrotado al PAN con facilidad.
Ahora, para el proceso electoral de este año, Apizaco tendrá once candidaturas buscando el ayuntamiento, situación que hace prever la atomización del voto. De esas once, sin embargo, ocho tendrán una participación testimonial, ya que la competencia real será entre tres fuerzas políticas.
Por una parte, la coalición Fuerza y Corazón por Tlaxcala integrada por el PAN y el PRI, que respalda la reelección de alcalde Pablo Badillo, cuyo reto principal es convencer a la ciudadanía rielera de que los yerros de su primera gestión serán corregidos.
Por otro lado se encuentra Morena, que impulsa como abanderado al empresario Javier Rivera, quien a su vez tiene como reto restañar las heridas del proceso interno de su partido para evitar que se repita la historia de 2021.
En un principio, parece haberlo logrado al sumar a sus competidores internos a la campaña, pero falta ver que esa suma no sea solamente declarativa.
En el tercer bando, cuando parecía ser una contienda entre dos, el Partido Alianza Ciudadana (PAC) decidió postular al también empresario Juan Carlos Sánchez García, popularmente conocido como “SAGA”, quien podría ser el invitado incómodo en la jornada electoral del 2 de junio.
Su participación, parece, no será testimonial, sin embargo, de no ganar puede inclinar la balanza a favor de uno de los otros dos candidatos competitivos, al afectar la base electoral del otro.
Entre esos tres proyectos parece encontrarse el futuro inmediato del ayuntamiento apizaquenze, empero, el resultado del 2 de junio tendrá efectos políticos de cara a los comicios de 2027, al menos para dos de los integrantes de esta triada de competidores.
Si bien para Javier Rivera solo es una aspiración limitada para llegar a gobernar la ciudad que ha sido fuente de su éxito empresarial, que en sí mismo sería algo inimaginable para muchos, para los otros dos, el eventual éxito en la elección podría ser base para construir el siguiente paso en sus carreras políticas.
Para Sánchez García, el paso siguiente sería nuevamente la candidatura al gobierno del estado, para nuevamente exhibirse o ser exhibido.
Para Pablo Badillo una diputación federal o local, e incluso convertirse en una alternativa de su partido, el PAN, en la futura postulación de la candidatura a la gubernatura, también como relleno negociador.
La apuesta, pues, está echada. Veremos qué decide la ciudadanía apizaquenze con su voto, sobre todo tratándose de una administración que en materia de seguridad no ha visto la suya y cuyos integrantes del ayuntamiento se dividieron para respaldar proyectos que les reditúan más beneficios personales.
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