Mientras en Tlaxcala persisten las críticas por gestiones locales que optan por soluciones cosméticas como pintar baches en lugar de repararlos, o invertir recursos en proyectos cuestionados como los “jardines flotantes” del río Zahuapan, que han consumido más de 200 millones de pesos con resultados efímeros ante las crecidas del caudal, un tlaxcalteca brilla en el manejo responsable de las finanzas públicas en el Estado de México.
Se trata de Óscar Flores Jiménez, Secretario de Finanzas del gobierno de Delfina Gómez Álvarez, quien presentó un balance positivo en el marco del Segundo Informe de Gobierno, consolidando avances que posicionan a la entidad como un modelo de austeridad y eficiencia. Todo desde su llegada.
En una reciente entrevista televisiva, Flores Jiménez detalló logros clave del segundo año de gestión: una recaudación adicional de 64 mil millones de pesos, un incremento del 30.5% respecto al ejercicio anterior, sin crear nuevos impuestos, ni recurrir a endeudamiento.
Estos ingresos propios, impulsados por el cumplimiento ciudadano en impuestos como el de nómina (20 mil millones), tenencia vehicular (11 mil millones) y el programa de reemplacamiento vehicular (casi 10 mil millones), reflejan una confianza ganada en la ciudadanía mexiquense de otro modo no habría participación.
El manejo de la deuda pública heredada —alrededor de 62 mil millones de pesos— ha sido ejemplar: por instrucción de la gobernadora, no se ha contraído nueva deuda en dos años, reduciendo pagos de intereses y generando ahorros de 400 millones de pesos en el ejercicio actual.
La proyección al cierre del sexenio libera cerca de 3 mil millones adicionales para proyectos sociales e infraestructura. Además, medidas de austeridad en el poder ejecutivo, municipios y órganos auxiliares han producido economías de 8,600 millones de pesos, reorientados a salud, educación y movilidad, con un presupuesto autorizado de 388,551 millones que se cerrará en 400 mil millones gracias a una contención efectiva del gasto.
Estos resultados no pasan desapercibidos en Tlaxcala, donde alcaldes enfrentan señalamientos por el deterioro vial —como los “mega baches” en la capital, criticados por ciudadanos que exigen soluciones reales en lugar de parches pintados — y por el destino de fondos en iniciativas como el rescate del Zahuapan, que ahora recibe 1,500 millones federales pero ya acumula controversias por ineficiencias pasadas. Les dieron un cheque en blanco.
La confianza en Flores Jiménez es tal que, como parte de la glosa del Informe ante el Congreso mexiquense —un espacio temido por haber desplazado al influyente Grupo Atlacomulco del poder en la entidad más poblada del país—, el secretario comparecerá para detallar estos avances, junto a otros funcionarios como el de Seguridad y Movilidad, según lo dado a conocer en distintos medios.
Nacido en Tlaxcala, licenciado en Contaduría Pública con especializaciones en alta dirección y economía pública, Flores representa un perfil técnico que traduce la austeridad de la Cuarta Transformación en políticas concretas, sin recortes ciegos ni inventos absurdos.
En el contexto de la contienda por la gubernatura de Tlaxcala en 2027 —donde Morena lidera las preferencias electorales según sondeos recientes—, el desempeño de Flores en la segunda economía nacional genera eco. Un eco positivo.
Mientras algunos aspirantes locales pagan y derrochan en un posicionamiento forzado, su trayectoria en Edomex lo catapulta como un operador eficaz, listo para “pasar exámenes con alta aprobación” en un estado que clama por experiencia financiera frente a desafíos sociales y presupuestales.
Y mientras en la capital caminamos por calles que parecen escenarios de película postapocalíptica —con alcaldes que, en lugar de asfaltar, optan por pintar baches como si fueran obras de arte callejero, culpando a Hernán Cortés por la topografía de la capital. Presume su ignorancia.
Ahora hay un poco de esperanza que viene de norte, del Estado de México. No de cualquier norte, sino del corazón de la segunda economía del país, donde un tlaxcalteca llamado Óscar Flores Jiménez está demostrando que la disciplina presupuestaria no es un sueño, sino un arte posible.
Tlaxcala necesita eso: experiencia que arregle baches de verdad, que sane ríos sin flotillas fallidas, que impulse empleos vía impuestos bien recaudados. Espero que la entidad apueste bien, antes de que el río se lo lleve todo de nuevo.

