La senadora Ana Lilia Rivera Rivera logró en este periodo lo que durante muchos años no hicieron los poderosos cachorros Palafox, Dávila, Cisneros, Montiel, Paredes, Aguilar y otros tantos que incluso repitieron en el cargo. El problema no era la falta de interés, también la falta de oficio.
No hablo solamente del lucimiento que logró a partir de la presidencia de la mesa directiva -cargo que se debe saber aprovechar para lograr el reflector y el efecto político que se espera-, sino también de la serie de eventos desarrollados en torno a Xicohténcatl Axayacatzin que no solamente le hacen pasar a la historía como la única tlaxcalteca preocupada en lograr ese posicionamiento histórico desde la máxima tribuna del país, sino que, al hacerlo, dio un mensaje político que dejó clara su intención de ser protagonista en el 2027.
El muro del salón de sesiones del senado ahora tiene el nombre del ilustre tlaxcalteca que ningún otro político contempló como prioridad -aunque la historia lo registra como piedra angular de nuestro territorio-; en ese mismo escenario Rivera Rivera logró reunir a los más ilustres, reconocidos e icónicos políticos de la entidad que aspira gobernar y los medios tlaxcaltecas registraron ambos actos. Tiro de precisión el que logró la oriunda de Calpulalpan.
Imagínense usted en un mismo sitio a la priista Beatriz Paredes Rangel, al morenista José Antonio Álvarez Lima -que dicho sea de paso es uno de los más influyentes en el senado y la 4T-, a la panista Minerva Hernández Ramos y al último primer priista de Tlaxcala, hoy neo morenista, Marco Antonio Mena Rodríguez, todos agrupados en torno al busto de Xicohténcatl, pero enviando un poderoso mensaje a los 60 municipios de Tlaxcala. La sucesión anunciada.
Lo que hizo Ana Lilia Rivera fue reunir a estos personajes para demostrar que ella -aunque sus enemigos la han querido mostrar de manera negativa- no tiene filias, no prioriza sus fobias y que, como lo dijo en su discurso, “lo importante siempre es dialogar. Porque los tlaxcaltecas no somos traicioneros, somos negociadores”, y para muestra aquí está un botón.
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¿Con qué cara puede caminar entre los pasillos de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) la que dice administrar esa oficina.
Me refiero a Sonia Lilian Rodríguez Becerra cuando todo mundo sabe que su paso como presidenta municipal de Hueyotlipan tuvo que recurrir a un amparo para poder continuar con su trabajo en la extinta Procuraduría General de Justicia del Estado, por un proceso de responsabilidad ante el Organo de Fiscalización Superior (OFS) por la presunta falta de comprobación de recursos públicos.
No conforme con ese antecedente la ex aspirante a diputada local ahora está envuelta en el escándalo porque dejó sin paga a la plantilla de la Procuraduría que viene cambiando su piel a Fiscalía.
A nadie le anticipó el retraso en los pagos y es obvio que los trabajadores ahora pagarán los platos rotos pues ante la falta de liquidez tendrán que pagar intereses a las agencias de autos, hipotecas y tarjetas bancarias que no entenderán la negligencia de la funcionaria.
Es normal que a ella y a sus amiguitos y amiguitas que estuvieron becados por casi cuatro meses en campañas políticas no les afecte la falta de pago, sobre todo cuando hay lanita que sobró de gasolina y efectivo para la jornada electoral y que probablemente-como dicen en los pasillos de la fiscalía- eso les sirva y sobre para sobrevivir unos meses más.
Pero la clase trabajadora ahora tiene doble inconformidad porque no solamente tendrá que pagar los intereses sino que además están a la espera de los despidos que, afirman, vendrán con el cambio de membrete. Quizá además de su incapacidad para administrar, esto sirva como pretexto para limpiar la nómina.
Si los altos salarios superan los 200 mil pesos mensuales para los principales funcionarios de la Fiscalía son ciertos, es tarea que más tarde confirmaremos, por lo pronto urge saber para cuándo y por qué motivo los dineros del capitulo destinado a salarios no han caído.
Afirmar que se debe a una eventualidad del SAT es mentir e involucrar a otros en esa gran y torpe mentira… mejor que digan la verdad o que dejen el cargo.
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