Ana Lilia tiende puentes; ¿quién insiste en levantar muros?

NÉSTOR
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En política, pocas cosas dicen tanto como la actitud que se adopta después de una decisión. Y en Tlaxcala, tras el nombramiento de Ana Lilia Rivera Rivera como coordinadora estatal de Morena en defensa de la Cuarta Transformación y la soberanía, la senadora ha hecho algo que debería ser elemental, pero que no siempre resulta fácil: tender puentes en lugar de levantar muros.

Ana Lilia Rivera ha extendido la mano a los distintos grupos y aspirantes. Ha llamado a la unidad, ha convocado a sumar esfuerzos y ha dejado claro que las puertas están abiertas para quienes quieran incorporarse al proyecto. Incluso ha llamado a quienes participaron en la contienda interna a caminar juntos, entendiendo que el objetivo no puede reducirse a una aspiración personal.

Y ahí aparece la verdadera dimensión de su liderazgo.

Porque ganar una definición política no solamente implica obtener una posición; también implica tener la capacidad de convertir una victoria interna en una convocatoria amplia. Ana Lilia está haciendo su parte al buscar diálogo, unidad y construcción política. La pregunta es qué harán quienes todavía no terminan de reconocer el resultado.

Es comprensible que algunos aspirantes tengan aspiraciones, inconformidades o incluso reservas. Lo que resulta difícil de justificar políticamente es que los intereses personales terminen colocándose por encima de una decisión que ya fue tomada por el pueblo. Porque si la democracia solamente se acepta cuando el resultado favorece a determinado grupo, entonces no estamos hablando de democracia: estamos hablando de conveniencia.

Y aquí aparece una paradoja que Morena Tlaxcala debería revisar con seriedad: mientras la nueva coordinadora llama a la unidad y ofrece puentes de comunicación, algunos sectores parecen empeñados en conservar trincheras. Mientras una parte busca sumar, otra parece seguir calculando qué puede obtener.

La torpeza política sería no entender que el momento exige otra actitud. La Cuarta Transformación no puede construirse desde pequeñas parcelas de poder, ni desde grupos que consideran que el proyecto político les pertenece. Mucho menos desde la resistencia silenciosa a reconocer que el pueblo ya decidió.

Porque si los propios actores políticos no son capaces de resolver sus diferencias con madurez, existe el riesgo de que tenga que intervenir la dirigencia nacional para poner orden en Tlaxcala. Y entonces la pregunta será inevitable: ¿para qué esperar una intervención de arriba si todavía existe la posibilidad de construir un acuerdo desde abajo?

Ana Lilia Rivera ha hecho un llamado público a la unidad. Ha dicho que todos caben y que el proyecto requiere sumar, no dividir. Ahora corresponde a los demás demostrar si están a la altura de las circunstancias.

Por el bien de Tlaxcala, por el bien de Morena y por respeto a la participación democrática, lo más responsable sería reconocer el resultado, dejar atrás los intereses personales y asumir que el liderazgo no se construye bloqueando al adversario, sino convocándolo a caminar juntos.

Porque al final, la política también revela quién entiende el momento histórico y quién sigue atrapado en su propia ambición.

Ana Lilia ya tendió la mano. El dilema ahora es sencillo: ¿los demás la tomarán para construir unidad o preferirán aferrarse a sus intereses personales hasta provocar que desde la dirigencia nacional tengan que venir a poner orden?

Tlaxcala merece algo mejor que una disputa de grupos. Merece madurez política, respeto a los resultados y capacidad para construir acuerdos.

La puerta está abierta. Ahora habrá que ver quién decide entrar y quién prefiere quedarse afuera, defendiendo una derrota como si todavía pudiera convertirse en victoria.