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No fue sino un juicio sumario el que aplicó el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas, al ex gobernador Marco Antonio Mena Rodríguez. “Ya está expulsado” de las filas priistas por comportarse como un “vil traidor” y entregar el poder al Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), dijo en su más reciente visita de trabajo a Tlaxcala en apoyo del diputado federal Mariano González Aguirre.

No habló de la misma manera cuando se le preguntó por el comportamiento del diputado local y coordinador parlamentario priista, Fabricio Mena Rodríguez, quien desde ese lugar se ha convertido, en los hechos, en un miembro más de la bancada morenista.

Moreno Cárdenas actúa selectivamente. Por eso tampoco habla de otras traiciones que durante el proceso electoral local de 2021 hicieron otros priistas. Beatriz Paredes Rangel es una de ellas.

Nadie objeta la trayectoria de Paredes Rangel en la política nacional ni en el ámbito local. Sin embargo, es claro que cuando así ha convenido a sus intereses, ha dado su respaldo a candidatos de oposición. Fue claro ese comportamiento desleal en 2004 y en 2021, con lo cual salieron beneficiados Héctor Ortiz Ortiz y Lorea Cuéllar Cisneros.

No por nada varias figuras políticas identificadas con Paredes Rangel ocuparon en el sexenio orticista cargos públicos de importancia. Y lo mismo sucede ahora en la administración lorenista.

Tal vez por la importancia que tiene Beatriz Paredes en el priismo nacional es que nadie dice nada sobre tal comportamiento. Hay en este caso un silencio cómplice.

Parte de lo que ha hecho Beatriz Paredes Rangel en el pasado lo vivió ella en carne propia durante el proceso interno del Frene Amplio por México para elegir a su candidata presidencial.

Cuando se pensaba que toda la estructura tricolor respaldaría a la tlaxcalteca en sus intenciones de alcanzar la candidatura, surgió un albazo encabezado por la misma dirigencia nacional de Alejandro Moreno Cárdenas otorgando el apoyo a Xóchitl Gálvez, que si bien no militante, sí plenamente identificada a las siglas del Partido Acción Nacional (PAN).

La derrota, sin embargo, puede ser recompensada con una candidatura a un cargo de elección popular para continuar su estancia en el Congreso de la Unión, ya sea como senadora o bien como diputada federal.

Pero también puede aprovechar su influencia para que algunos de los suyos ocupen en un futuro algunas posiciones políticas e incluso alcancen candidaturas.

Tal vez por eso algunos rostros ya no vistos cerca del PRI tuvieron presencia en el acto político de Mariano González Aguirre el sábado pasado.

Ese es el caso de Enrique Padilla Sánchez, quien al principio del gobierno lorenista y hasta hace pocos meses rector de la Universidad Politécnica de Tlaxcala, tenía colores guindas y trabajó a favor del partido en el poder. Pero de eso, de nuevo, nada se dice.

Si ese tipo de actitudes y traiciones se siguen presentando dentro del PRI, pasará largo rato para que regrese por sus fueros, si es que lo hace.

Por lo pronto, la disputa por las candidaturas más importantes ya inició en el tricolor y el propio dirigente nacional priista fue el encargado de dar el banderazo con su claro respaldo a Mariano González Aguirre.

Mucho cuidado, entonces, deberá tener la lideresa priista Anabell Ávalos Zempoalteca, quien después de las traiciones sufridas en 2021 tendrá que cuidarse las espaldas. Tendrá que ser así, porque es claro que las traiciones continuarán.