Romantizar es el verbo favorito de esta sociedad. Se romantiza lo bueno y muchas veces lo no tan bueno de nosotros; presumiendo, posteando y elevando nuestra mundanidad a piezas con el orgullo tal cual si las hubiera esculpido Bernini. Después de que el City se alzara a costa de billetazos con su primera Champions League, se dejó de hablar de fútbol; se dejó de hablar de la hermosa caricia a la red de Rodri, de la alta temporada de De Bruyne, o muy a mi pesar se dejó de hablar de lo bueno que es Guardiola. Levantando la oreja, todo lo que lógicamente debería ser resaltable se quedó atrás para tornarse noticia menor al lado del pedo descomunal de Jack Grealish: estuvo cuatro días, —completos, completos—, naufragando en el alcohol. Todo terminó cuatro días después en Ibiza; todo esto lo supe, no por mi amistad con Grealish claro está, sino por el seguimiento mediático de la borrachera. Toda mi página de inicio de facebook, era una constante nueva puntada del futbolista ebrio bajo lemas: «Ídolo» «Jack Grealish es mi religión», o él mismo compartiendo la fotografía (adjuntada a dicha columna), asegurando que se tenía que colgar en el Louvre. Nada nuevo. Monumentos al ego.
Y es que claro, todos en el fondo queremos ser Jack Grealish. Ser millonarios, ser jóvenes, ser famosos y pegarnos una borrachera de días completos —como si se hubiera ganado la catorceava del Madrí— y sin que nadie nos diga nada; al contrario, que nos aplaudan porque nos lo ¿merecemos? Fugados de la realidad, queremos hundirnos y regodearnos en nuestra mundanidad y sentirnos supuestamente felices. Y digo, en el fondo, pues esta sociedad se caracteriza por sobre estimular los deseos carnales gracias al poder de las redes sociales, y nosotros, raudos, nos encargamos de normalizar y romantizar todo lo que venga de las benditas redes. Pero la Verdad, la Verdad, esa por la que filosofía y la religión siguen en búsqueda, seguramente está lejos de romantizar al alcoholismo (tal es el caso) y demás actitudes mundanas.
Un niño creerá que es requisito para triunfar ampararse al alcohol, sobre todo con Grealish y muchos otros de ejemplo. El que sueña con ser futbolista creerá que puede ganar una Champions tomando de esa manera; siendo que la realidad implica todavía más que esfuerzo, fe, sudor y lágrimas. No es mi intención poner al fuego a Grealish, solamente creo que somos producto de las sociedades que nos forjan y debe ser responsabilidad de todos preguntarnos hacía dónde queremos ir. El uso de sustancias nocivas está tan normalizado que aplaudimos la enfermedad de Jack volviéndolo nuestro payaso de turno. Como sociedad, somos tan crueles que nos encanta establecernos payasos de turnos.
No se me lea como un puritano, que al fin y al cabo me he marcado unos cuantos (o muchos) festejos a lo Jack Grealish.
