Como cada año, miles de mujeres se concentran en alguno de los puntos donde parten los contingentes a la marcha del 8M, en esos trayectos, se observan a mujeres de todas las edades, pero son especialmente las jóvenes las que se suman.
Las colectivas, a través de sus representantes, comienzan a organizar cómo estarán ubicadas; inician con las familias de mujeres desaparecidas, o que fueron víctimas de feminicidios, violentadas o viven en la ausencia de justicia.

Bajo los rayos del sol, comenzaron a avanzar desde diferentes puntos; uno en la ex asta bandera, otro de la conocida como parada de la Virgen en la ciudad de Tlaxcala. Los contingentes cantaron, gritaron consignas y pidieron todo lo que consideran hace falta para que ninguna otra mujer pase por momentos difíciles, o incluso no vuelva jamás a casa.
Este 2025 las mujeres, se hicieron acompañar de sus hijas e hijos, principalmente para que desde la infancia conozcan que deben defender sus derechos, y cómo sus madres luchan desde este momento para dejarles un mejor lugar. Cada una de ellas tiene una historia, propia o de una amiga, de alguna conocida o familiar que sufren por la ausencia o violencia física, así como emocional de parte de los agresores, que generalmente son sus parejas.
Hay casos que siguen estremeciendo a la sociedad, como es el de Daniela Muñoz, desaparecida el 13 de septiembre de 2020, en Apizaco, y nada se sabe de su paradero, a pesar de que el principal sospechoso está preso. También, el de la menor, que a los 11 años de edad desapareció en San Pablo del Monte, Karla Romero Tezmol, que desde 2016 no ha vuelto a su casa. Así se suman todas las mujeres desaparecidas en Tlaxcala.
Llegaron al Palacio de Gobierno: hablaron, pidieron justicia, y comenzaron a irse poco a poco; pero algunas comenzaron a golpear las vallas metálicas, que este año se colocaron desde la primera parte de la explanada de Palacio de Gobierno, a fin de proteger el inmueble histórico.
Antes, ya se habían hecho actos de iconoclasia en el Palacio Legislativo con pintas, vidrios rotos, lonas colocadas sobre deudores alimentarios, y otras frases. También en la avenida Independencia, justo, el Museo de la Memoria, corrió con la misma suerte. Los daños fueron mínimos comparado con los dos últimos años, pero, ¿Esos daños calman el dolor de una víctima? El debate eterno de las luchas que intervienen en espacios públicos.
Importante destacar que este año hubo abusos, dos comunicadoras fueron agredidas, por un grupo de mujeres, que simplemente no dejaron hacer su labor periodística.
Fueron pocas las que se quedaron a pretender derribar las vallas, que al final el cansancio las venció. El parque quedó inundado de papeles, pintado, y con un kiosco tapizado de pancartas, así como las vallas metálicas, que sirven de tendederos para denunciar a los violadores, acosadores, deudores alimenticios, y otros señalamientos. Este año no hubo dedicatorias especiales a servidores públicos o comunicadores.
