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	<title>Juan Villoro</title>
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		<title>El Tala Rangel, etc.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jun 2026 19:01:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Corea del Sur]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Villoro]]></category>
		<category><![CDATA[LUIS ROMO]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial-2026]]></category>
		<category><![CDATA[Selección Mexicana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quizá la importancia del partido de ayer fue ganar a la mexicana, con el suspiro en la boca, con todo en contra, rezando por el pitido final, con el amparo de la virgen y del pato Merlín, con la honestidad de ofrecernos sin reparo y sin dejarse nada guardado, y que ahora eso fuera suficiente [&#8230;]</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/el-tala-rangel-etc/">El Tala Rangel, etc.</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Quizá la importancia del partido de ayer fue ganar a la <em>mexicana</em>, con el suspiro en la boca, con todo en contra, rezando por el pitido final, con el amparo de la virgen y del pato Merlín, con la honestidad de ofrecernos sin reparo y sin dejarse nada guardado</strong>, y que ahora eso fuera suficiente para ganar, porque el Mundial —que sí—, no solamente es fútbol, el Mundial es la justa más elevada, es nuestro reflejo y desfogue, es la capacidad y confianza de sentirse representado ante el mundo, es nuestro mayor sentido de pertenencia y uno de los únicos momentos en los que puedes practicar el evangelio y querer a todos (casi a todos) por igual. <strong>Juan Villoro</strong> pregunta en su columna <em>‘Identidades licuadas’</em> de El País: «<strong><em>¿Se puede estar orgulloso de un país al borde del desastre? México existe para practicar esa contradicción. Nuestro lema podría ser: “Nos vamos a la chingada, pero somos a toda madre”.»</em></strong></p>
<p style="text-align: justify"><strong>¿Se puede estar orgulloso en un país al borde del desastre? Sí. Y, mejor aún: se puede ser feliz en un país al borde del desastre (solamente por dos horas). El único Ser capaz de provocarnos esa amnesia o felicidad es el fútbol. </strong>Faitelson, pesado y estúpido (porque siempre los hay), criticó todo el partido porque la selección no jugaba a nada. Poco conocimiento del fútbol y de la vida tendrá, <strong>porque en el fútbol y en la vida, también se gana defendiendo y sin ser vistoso, y lo bello del Mundial es que no está pensado para convencer, está diseñado para recordarse en ganar o perder, en felicidad o tristeza. La realidad debería ser más ilusionante que nunca: dos partidos, seis puntos y cero goles en contra, además, los próximos dos partidos se van a jugar en El Azteca.</strong> Y luego, que venga ese tal Jude Bellingham y si quieren que empaquen en las valijas a Noel Gallagher.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Estoy probablemente ante uno de los meses más felices de mi vida. Porque eso que palpita en mí puede ser posible, y retumba un indestructible: y si, ¿sí? </strong>La vida con el Mundial, en jueves, sale rodada; estoy vibrando a su lado, grito hasta el dolor el churro de gol de Romo y me gusta hasta la taquicardia tras la parada del Tala Rangel que debería exponerse en Bellas Artes. Pero todo lo bueno se termina. Dormí y soñé con un atardecer encapsulado en una parte del cielo de la noche. Muy raro. <strong>Desperté sin recordar a Maxi Rodríguez o Arjen Robben pero con la certeza de la ilusión, de sentirme feliz después de mucho tiempo. No sé hasta cuando dure. Es lo bueno de eso, no saberlo.</strong></p>
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		<title>Lo más importante de lo menos importante</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 20:27:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Copa Mundial de la FIFA 2026]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Villoro]]></category>
		<category><![CDATA[Maxi Rodriguez]]></category>
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<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/lo-mas-importante-de-lo-menos-importante/">Lo más importante de lo menos importante</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Creo que la frustración erige mayormente la personalidad de las personas. Los primeros eventos traumáticos en mi vida están relacionados con el fútbol, y de alguna manera, con la justa mundialista del 2006.</strong> El primero fue el golazo de Maxi Rodríguez que nos echó en octavos; recuerdo un día soleado con toda la familia unida, el carbón por el viento, la ilusión de sentir cerca el gane a Argentina, el esbozo de lo que sería Messi, Riquelme —¡por Dios!, mi debilidad —, la esperanza de ganarles… se raspó mi garganta con el gol de Rafa Márquez, luego, casi enseguida como respuesta el de Crespo (me niego a aceptar que fue autogol del mejor cabeceador que ha tenido México); fueron 90 minutos peleados, los nervios de los tiempos extras, un cambio de juego delicioso de Sorín, el pecho de Maxi y un balón en la escuadra; todavía veo a Oswaldo Sánchez en el césped, recuerdo el amor roto, el cuerpo pesado, las ganas de llorar y en las muelas la desilusión de algo que ya no se podrá reparar. Hace poco esperando en el aeropuerto de CDMX llegó de un vuelo de Miami y reconocí su horrible cara: Maxi Rodríguez, mi primer villano, el enemigo público de mi niñez. Le conté y ella me preguntó que si era un futbolista tan importante, por qué no le había pedido una fotografía. No quise decirle que me pasaron por la cabeza muchas ganas de morderle sus nefastas orejas.</p>
<p style="text-align: justify">El segundo evento traumático fue un penal que fallé en la primaria: era un torneo intercolegial en el que fui el goleador de la competencia, pero el último, el de la final, no lo metí. Tiré el penal a lo Panenka. Qué niño más pretensioso. Lo hice poque quizá mi primer ídolo, Zidane, lo acababa de hacer en la final de la copa del mundo frente a Gigi Buffon. Fallé cuando todo el estadio de futbol siete coreaba mi nombre. Todas las familias querían llevar a sus hijos al nacional y yo los privé de aquello. Nunca quise tirarlo porque hasta allí conocí la inseguridad, pero lo tuve que tirar porque ya no había más pateadores. No sé que hubiera pasado si metía aquel gol, no sé qué hubiera sido de mí. Jamás volví a jugar fútbol con ilusión (del mediocampista que se perdió México), pero salí de la infancia curtido.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Sigo vivo y han venido más mundiales como etapas de mi vida. Aun siendo la misma persona, cada cuatro años he sido distinto; pero hay algo intransmutable e intransferible: la esperanza de creer que esta vez puede ser distinto, y que lo de Maxi Rodríguez dejará de supurar; sentiré el mismo romance recuperado cada mundial cuando suene el himno en el primer partido, la misma sensación en la piel y en los ojos con el Cielito Lindo, la misma fortuna de sentir personas al lado.</strong> Mañana saltará a la cancha México y recuerdo esto de Villoro en su último libro: <em>«Cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Los once de la tribu».</em> <strong>Dice una frase que el futbol es lo más importante de lo menos importante.</strong> <strong>Mañana inicia otro mundial, en México, por tercera vez. Por dos horas esa frase será absurda. Al menos para mí. Mañana el fútbol será lo más importante de lo más importante, porque por dos horas ha dejado de ser solo deporte, solamente fútbol, para convertirse en un nosotros vivos, para ser un momento imborrable de la vida y una marca del libro de esos que rememoramos cada cuatro años. Feliz mundial.</strong></p>
<p style="text-align: justify">
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