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		<title>Silencio complice</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Martín Rodríguez Hernandez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2025 11:00:26 +0000</pubDate>
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<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/silencio-complice/">Silencio complice</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por cada joven que desaparece, hay una familia que se desgarra, un hogar que se quiebra y una comunidad que tiembla de impotencia. La historia de los jóvenes de Tlaxcala, arrancados de la vida en un viaje que prometía sol y mar en Oaxaca, es un puñal en el corazón de quienes aún creemos en la justicia.</p>
<p style="text-align: justify;">Encontrados brutalmente asesinados en Puebla, sus cuerpos desmembrados y arrojados como despojos en una carretera, estos muchachos y muchachas —Brenda, Angie, Raúl, Noemí y tantos otros cuyos nombres aún pugnan por ser reconocidos— son más que estadísticas: son el reflejo de un país donde la vida parece valer menos que el silencio de las autoridades.</p>
<p style="text-align: justify;">Imaginen por un momento el dolor de esas madres y padres en Apizaco, Tzompantepec o Yauhquemehcan. Sus hijos salieron de casa con sueños simples: disfrutar la costa de Huatulco o Zipolite, tal vez reír bajo el sol o compartir una foto en redes. En cambio, sus familias recibieron noticias que nadie debería escuchar: cuerpos mutilados, bolsas con manos cercenadas, identificaciones que confirman lo peor.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo se consuela a una madre que sabe que su hija fue hallada, pero no viva? ¿Cómo se abraza a un padre que espera aún que las pruebas de ADN no confirmen sus peores miedos? La incertidumbre y el horror son ahora sus compañeros diarios, mientras las autoridades de tres estados —Tlaxcala, Oaxaca y Puebla— se pierden en un laberinto de excusas y números que no cuadran. Los tres por igual.</p>
<p style="text-align: justify;">Por qué, ¿qué nos dicen las fiscalías? Oaxaca reconoce solo cuatro desaparecidos, mientras en Tlaxcala se habla de hasta nueve. Puebla, con su hallazgo macabro en la autopista Cuacnopalan-Oaxaca, parece limitarse a contar cuerpos sin prisa por dar respuestas. Nueve jóvenes masacrados, algunos con balazos, otros despedazados, y las autoridades aún titubean: “seguimos investigando”, “coordinamos esfuerzos”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Es esto lo que merecen las familias? ¿Palabras vacías mientras el crimen organizado pasea su barbarie por nuestras carreteras y destinos turísticos? La costa oaxaqueña, vendida al mundo como paraíso, se tiñe de sangre, y nadie parece dispuesto a asumir la responsabilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">No es solo la violencia lo que mata: es la indolencia. Brenda Mariel Salas Moya apareció con vida, dicen, pero ¿dónde está el informe claro sobre su estado? Jacqueline Ailet Meza Cázares fue localizada, pero su hermana clama que no respira, y las autoridades callan. ¿Qué esconden? ¿Por qué las cifras bailan entre cuatro, siete, nueve víctimas, como si la vida de cada uno fuera un dato negociable?</p>
<p style="text-align: justify;">Las familias merecen verdad, no confusión. Merecen acción, no promesas de coordinación que suenan a eco hueco. El gobierno de Tlaxcala pide unión entre fiscalías, pero ¿de qué sirve si el resultado es una investigación que avanza a paso de tortuga mientras el dolor se enquista?</p>
<p style="text-align: justify;">Esta masacre no es un caso aislado; es un grito que retumba en un México donde la dignidad y el orgullo de los pueblos —valores que deberían sostenernos— son pisoteados por la ineptitud y la complicidad. Las autoridades han fallado en proteger, en investigar, en consolar.</p>
<p style="text-align: justify;">Han dejado a estas familias solas, enfrentando un duelo que no debería ser suyo. A esos jóvenes de Tlaxcala les robaron la vida, pero a sus seres queridos les están robando la esperanza.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Hasta cuándo seguiremos contando cuerpos mientras los responsables, sean criminales o funcionarios omisos, siguen impunes? Es hora de que las lágrimas de estas familias encuentren eco en algo más que el silencio. Es hora de justicia en las tres entidades federativas.</p>
<p>El cargo <a href="https://martinrodriguezhernandez.com/silencio-complice/">Silencio complice</a> apareció primero en <a href="https://martinrodriguezhernandez.com">Martín Rodríguez Hernández</a>.</p>
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