«Para la libertad, sangro, lucho, pervivo»: uno de mis versos favoritos. Miguel Hernández sabía cosas. Miguel Hernández murió (aun esperando la sentencia de muerte dictada por el franquismo) por tuberculosis y seguramente recitando a su familia, en las ilusiones de su memoria, las ‘Nanas de la Cebolla’. Miguel Hernández de libertad, algo supo; al igual que muchos condenados y muertos por el régimen (cual se les ocurra) quienes murieron y lucharon, para que, por ejemplo, yo, tenga la libertad de estar escribiendo estas estupideces. Y me vienen a los recuerdos estas poderosas palabras por lo sucedido en Francia. Qué valientes son los franceses. Qué ejemplares. Está de sobra ahondar en su historia siempre precursora y revolucionaria. Y sangrienta. Por qué, ¿qué conquista de derechos humanos se ha conseguido sin derramar sudor y sangre?
Los antecedentes que incendiaron por más de una semana a múltiples ciudades francesas no solamente se remontan al asesinato del Nahel —un menor de diecisiete años, de origen africano y que muriera tras un balazo policial en la cabeza—, seguramente tienen que ver con el hartazgo a las instituciones francesas y con las políticas de Macron. También es posible que sea solamente por el simple hecho de ser franceses y con su capacidad de levantar la voz; hace poco estallaron con la reforma de pensiones y el tema migratorio seguirá siendo un tema pendiente para las siguientes agendas (especialistas afirman que el poco sentimiento de arraigo y nivel de involucración social que los gobiernos implementan con las comunidades migrantes detona en problemas de mayor alzada tales como el terrorismo). Pero dejando de lado lo escalofriante que resulta la muerte de un joven inocente y con la vida por delante, solamente por el hecho de ver fijamente a un policía, me resulta apasionante como un país de primer mundo sigue en pie y dispuesto a luchar contra las ilegalidades y las arbitrariedades de su gobierno. Ay, si tan sólo en México tuviéramos un poquito de eso… otro gallo cantaría. No quiero romantizar la violencia ni mucho menos: sí las ideas y la manera de defenderlas; tampoco concuerdo con la dureza general de la prensa, sobre todo la europea para con los altercados («La enfermedad infantil de la izquierda es, desde su sangrienta cuna francesa, la romantización de la violencia», Jorge Bustos en El Mundo); olvidan cobardemente su pasado y la innata cláusula humana revolucionaria y sobre todo, el mediano equilibrio, aportado por esas “enfermedades infantiles” al mundo.
(Lo peligroso) A rio revuelto, ganancia de pescadores. Crecerá Mélenchon, pero sobre todo la extrema derecha liderada por Le Pen. El nacionalismo, bandera principal de la ultraderecha, crece también en los países principales de Europa y eso puede ser preocupante: Meloni gobierna Italia; Vox entrará seguramente a gobernar en coalición con el PP en España; AfD es segunda fuerza en los últimos sondeos alemanes (increíble). ¿Qué sucede con la memoria europea? Esa búsqueda de soberanía insensata, seguirá fracturando todo intento de conseguir la verdadera aspiración humana: la paz.
