Sigue nuestras redes sociales

Realizar una búsqueda

MR NoticiasMR Noticias
En tiempos de inmediatez digital, el periodismo enfrenta una tentación peligrosa: informar rápido, aunque sea incompleto.
En tiempos de inmediatez digital, el periodismo enfrenta una tentación peligrosa: informar rápido, aunque sea incompleto.

Opinión

Ruido mediático

En tiempos de inmediatez digital, el periodismo enfrenta una tentación peligrosa: informar rápido, aunque sea incompleto. El problema no es menor cuando lo que se comunica son iniciativas de ley, reformas o propuestas legislativas que, por su naturaleza, requieren contexto, precisión y responsabilidad social. Un titular sensacionalista puede generar clics, pero también desinformación, enojo y reacciones violentas dirigidas no al contenido real de la iniciativa, sino a la interpretación, muchas veces errónea, del o de la periodista o de quien comunica.

El fenómeno es recurrente: una propuesta legislativa es presentada ante el Congreso y, antes de ser leída, discutida o dictaminada, ya circula en redes sociales acompañada de frases alarmistas como “quieren prohibir”, “buscan quitar derechos” o “legalizan abusos”. La mayoría de las personas no accede a la fuente directa, es decir, el texto de la iniciativa, sino a una nota breve, descontextualizada y, muchas veces, emocionalmente cargada. Así, la opinión pública reacciona contra el mensajero equivocado: la caricatura del proyecto y no su contenido real.

Comunicación que empobrece el debate democrático

Este tipo de comunicación, además de distorsionar el debate democrático, lo empobrece. Se reemplaza el análisis por la indignación y el diálogo por la confrontación. El resultado es una conversación pública violenta, donde se insulta, se amenaza y se descalifica a legisladores o legisladoras por propuestas que, en muchos casos, ni siquiera dicen lo que el titular afirma. La violencia verbal se normaliza y la desinformación se convierte en combustible político.

Desde una perspectiva ética, el periodismo tiene la obligación de distinguir entre informar y provocar. No se trata de defender a los actores políticos, sino de respetar el derecho de la ciudadanía a comprender. Informar sobre una iniciativa de ley exige explicar qué es, en qué etapa se encuentra, qué problema busca atender, qué dice realmente el texto y qué implicaciones tendría en caso de aprobarse. Todo lo demás es espectáculo.

Periodismo sensacionalista

 

Además, cuando la comunicación se construye desde el sensacionalismo, se anula la posibilidad de una crítica informada. La ciudadanía termina opinando sobre frases sueltas, encabezados tendenciosos o interpretaciones interesadas, y no sobre el documento jurídico que debería ser el centro del debate. Se opina del periodista, de su enfoque o de su postura ideológica, pero no de la fuente directa. Y sin fuente, no hay democracia deliberativa.

Reproducción de violencia simbólica

En un país donde la violencia ya atraviesa múltiples dimensiones de la vida pública, la comunicación irresponsable no es un error menor: es una forma de violencia simbólica. Urge recuperar el valor del periodismo explicativo, del titular responsable y de la lectura crítica. Porque cuando el mensaje se queda a medias, lo que se multiplica no es la información, sino el ruido. Y en ese ruido, perdemos todos.

A pie de página

 

Si comenzáramos a dudar  más de los medios sensacionalistas y los titulares que generan “vistas” y recurriéramos a la consulta responsable de las fuentes directas, muchas y muchos evitarían tratarnos como consumidores mediáticos altamente manipulables.

Las opiniones vertidas en este espacio son responsabilidad exclusiva de su autora y no corresponden, necesariamente, al enfoque editorial de esta empresa.

También podría interesarte...