Por Leticia Alamilla Castillo
“La pregunta es, ¿quién está promoviendo la ignorancia? Bueno, esas organizaciones que tratan de mantener las cosas en secreto, y esas organizaciones que distorsionan información verdadera para hacerla falsa o desvirtuada. En esta última categoría, está la mala prensa.” –Julian Assange-
El tema para esta columna, después de varios meses de dejar de arrastrar la pluma, fue fácil de elegir, lo que fue un tanto complicado, es la conveniencia del título. Sin embargo, no encontré más que este adjetivo calificativo para describir lo que he leído, escuchado y visto en el ejercicio de comunicar de algunos que se ostentan como “periodistas” en Tlaxcala.
La mentira y la manipulación de la información son una constante en algunos medios de comunicación, cuyas plumas tienen como consigna, tergiversar la realidad y aprovechar los espacios, las audiencias o lectores/as cautivos/as para propagar información falsa.
El ataque, la descalificación y la mentira sobre quienes representan una autoridad y no son clientes del medio, son el modus operandi de algunos “periodistas” que, a leguas, denotan, que jamás entendieron lo que significa la ética profesional.
Rabiosos
Recuerdo con tanta claridad la frase de uno de ellos que, hace algunos años repetía con gran orgullo, por los resultados monetarios que representaba para su medio de comunicación: “Los políticos, como los perros, a puros periodicazos entienden”.
Y vaya que la formula le resultó extraordinariamente efectiva, porque muchos funcionarios cayeron en la trampa y, para evitar la difusión de información falsa y el golpeteo hecho por auténticos profesionales en el arte de la difamación, firmaron sendos convenios de publicidad que blindaron a los servidores públicos.
Nuevo contexto
El escenario cambió para algunos que recibían, en la anterior administración, hasta 300 mil pesos mensuales para halagar al gobierno en turno y voltear hacia otro lado cuando se cometía algún error, por más grave que éste fuera.
Para quienes prestamos atención, es verdaderamente sencillo descubrir el modo de operar en algunos medios de comunicación, se han vuelto predecibles. Pensemos, sí el escenario cambiara para éstos, es decir, si recibieran el cheque con la misma cifra de hace un par de años, estoy completamente segura que, cambiarían el golpeteo, por el elogio desmedido como estaban acostumbrados y aleccionados.
Hoy están simplemente “rabiosos”, con un rencor desmedido que les lleva a comunicar falseando la realidad para influir en ese sector de la población que es su mercado cautivo.
Las consecuencias
Las consecuencias son graves porque atentan, de manera directa, al derecho que tiene la ciudadanía de conocer información veraz. Crean descontento y desinformación que confunde a la audiencia o al público lector.
Contribuyen al desprestigio de una de las actividades más nobles como es el periodismo, que bien practicado, implica el compromiso social de manejarse bajo el criterio de verdad, y no de intereses oscuros que sirven a quienes financian la supervivencia de algunos medios.
Por supuesto, que no todos los medios y sus colaboradores/as en Tlaxcala se conducen tal y como he descrito en las líneas anteriores. Hay quienes son representantes de un periodismo de primer nivel y, hoy en día, se han convertido en referentes para un público cada vez más exigente de información confiable.
A pie de página
Sólo hay que empatar la información que se difunde en algunos medios que exaltan las bondades de determinadas administraciones municipales, políticos o funcionarios, con los datos, que por transparencia, muestran el monto de los convenios firmados. Este ejercicio permitiría a las/los lectores o audiencias comprender el enfoque editorial y el manejo de la información de algunos medios
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