Gilberto Mora y Jude Bellingham cruzaron el umbral del túnel que conduce a los vestidores del Estadio Azteca, cargando emociones opuestas. Mientras el plantel de la selección mexicana era despedido entre aplausos por la gente ubicada todavía en la tribuna, el adolescente de 17 años, con el llanto fresco por la eliminación en los octavos de final del Mundial, se acercó al mediocampista del Real Madrid para pedirle su camiseta.
Bellingham, cuya espigada figura supera por casi 30 centímetros la estatura del mexicano, interrumpió su marcha y se inclinó para consolar al juvenil del club Tijuana, que asimilaba el cierre de su primera aventura mundialista. La secuencia, capturada por la transmisión oficial de la FIFA, se propagó rápidamente en las plataformas de los medios deportivos y redes sociales.
Al señalar la indumentaria de su rival inglés, Mora no solo obtuvo el botín esperado. De forma inesperada, el autor de un doblete por el equipo de los Tres Leones le pidió la suya a cambio con el mismo gesto y respeto hacia él.
El cruce no requirió de grandes discursos. Todo se resolvió en un pacto de manos y un abrazo final de Bellingham hacia un competidor que apenas empieza su camino en la selección mexicana. Los dos desarmaron el rol de rivales para habitar, por un instante, el del reconocimiento mutuo.
Solo el tiempo dictará si el destino volverá a cruzarlos en una Copa del Mundo.
