* Por si alguien todavía tenía dudas, el proceso interno de Morena en Tlaxcala comienza a mostrar el rostro más crudo de la disputa por el poder.
Lo que debería ser una competencia democrática para definir al coordinador estatal de la defensa de la Cuarta Transformación parece haberse convertido, a los ojos de buena parte de los tlaxcaltecas, en una operación política donde funcionarios estatales y hasta el delegado de la Secretaría de Bienestar, Carlos Luna Vázquez, estarían interviniendo en la elección interna jugando un papel que va mucho más allá de sus responsabilidades institucionales, desviando recursos humanos, vehículos y condicionando la permanencia del empleo a tlaxcaltecas a cambio de apoyo político para Alfonso Sánchez García.
La pregunta ya no es solamente quién será el coordinador estatal. La pregunta es mucho más grave: ¿quién está financiando y operando la estructura que busca posicionar e imponer a Alfonso Sánchez García?
Porque mientras Morena habla de democracia, transparencia, piso parejo y respeto a las reglas internas, en Tlaxcala crecen los señalamientos sobre el presunto uso de recursos humanos, vehículos oficiales, estructuras gubernamentales y trabajadores del servicio público que son obligados, presionados y condicionados para seguir en el gobierno a cambio de promover un proyecto político.
A la vista de todos estamos frente a la utilización del aparato público para construir una candidatura.
Funcionarios que llegaron al gobierno bajo la bandera de la transformación hoy parecen haberse olvidado de una de las principales premisas de la Cuarta Transformación: el gobierno no debe estar al servicio de intereses personales ni de grupos políticos.
Resultaría contradictorio que quienes juraron transformar Tlaxcala terminaran reproduciendo exactamente aquellas prácticas que durante años fueron criticadas: movilización de estructuras, utilización de trabajadores, propaganda anticipada, promoción territorial y presunta utilización de recursos públicos para fortalecer un proyecto político.
Y aquí aparece una pregunta que debería responder directamente la Comisión Nacional de Elecciones de Morena y la dirigencia nacional del partido: ¿qué están esperando para intervenir?
¿Van a esperar a que la operación política sea todavía más evidente? ¿Van a permitir que las estructuras gubernamentales inclinen la balanza antes de que siquiera concluya el proceso interno? ¿O realmente habrá piso parejo para todos los aspirantes?
Porque si Morena pretende convertirse en el partido que transforme la vida pública del país, no puede permitir que en Tlaxcala algunos funcionarios conviertan las oficinas gubernamentales en cuartos de guerra electorales.
La defensa de la Cuarta Transformación y de la soberanía nacional no puede utilizarse como argumento para justificar la construcción anticipada de un proyecto personal o de grupo.
Lo verdaderamente preocupante es el uso de recursos públicos y estructuras gubernamentales para promover a un aspirante, la disputa dejaría de ser entre proyectos políticos y se convertiría en una lucha desigual entre quienes tienen el respaldo del aparato gubernamental y quienes pretenden competir con sus propios recursos y estructuras partidistas.
El problema de fondo no es Alfonso Sánchez García como persona. El problema es la eventual utilización del poder público para favorecerlo.
Porque cuando un gobierno utiliza sus recursos para construir una candidatura, la democracia deja de ser competencia y comienza a parecer imposición.
Y eso es precisamente lo que el viejo régimen hacía.
¿Dónde quedaron la honestidad, la transparencia, la lealtad al pueblo y el principio de que primero están los ciudadanos?
En Morena Tlaxcala, esos principios parecen haber quedado sepultados debajo de bardas, lonas, postes, espectaculares, recorridos, estructuras territoriales y una maquinaria política que, según los señalamientos, debe investigarse, por operar para Alfonso Sánchez García.
La ironía es brutal: quienes llegaron prometiendo acabar con el viejo sistema podrían estar reproduciendo sus peores prácticas.
El pueblo de Tlaxcala merece saber quién organiza, quién paga, quién moviliza, quién proporciona vehículos, quién utiliza trabajadores y, sobre todo, quién está detrás de esta operación política.
La Comisión Nacional de Elecciones y la dirigencia nacional de Morena tienen la palabra.
Porque si realmente existe piso parejo, es momento de demostrarlo.
Y si no existe, el silencio también es una respuesta, si la comisión nacional de elecciones y la dirigencia nacional de morena no actúan inmediatamente, no solo traicionarían al pueblo, se convertirían en cómplices de una imposición que los tlaxcaltecas inconformes rechazarán en las urnas en la elección de 2027.
Tlaxcala no necesita que un grupo se reparta el poder político para conservar privilegios. Necesita gobiernos que respeten al pueblo, instituciones que no sean utilizadas electoralmente y partidos que sean capaces de defender los principios que prometieron representar.
La Cuarta Transformación no puede convertirse en el disfraz de una nueva clase política.
Porque si para llegar al poder se utilizan las mismas prácticas que antes se condenaban, resulta inevitable saber si hubo realmente un cambió en Tlaxcala o el viejo régimen regresó a ocupar el poder que jamás soltó, porque recordemos que todos los ex gobernadores han salido de la misma mata todos se formaron y salieron del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Alfonso Sánchez Anaya (QEPD) salió del PRI y luego se formó en la izquierda pero en su paso trató de imponer a su esposa como gobernadora de Tlaxcala y el pueblo rechazó esa imposición, luego llegó Héctor Israel Ortiz Ortiz bajo las siglas del Partido Acción Nacional (PAN), y en este sexenio logró borrar al PRI del estado, aunque luego el tricolor se recuperó con el triunfo de Mariano González Zarur quien creó políticamente y dio continuidad al proyecto político del PRI con Marco Antonio Mena Rodríguez, y fue este el que le traicionó a su padre político y le dio el poder a Lorena Cuéllar Cisneros, todos han sido priistas, con distinta camiseta, así que no nos sorprenda las mañas del gobierno, porque al final todos fueron cortados con la misma tijera.
