Madrid detiene las bicicletas de La Vuelta: no más, ¡Palestina libre!

Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
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  • Pero Madrid, etapa final, gritó por acá no. En un hecho histórico, forzó a detener las bicicletas y el blanqueamiento para que el mundo saliera de sí y viera el genocidio. Hoy, Madrid es portada en todos los diarios del mundo.
Nunca, el deporte ha sido solo deporte, ni la música ha sido solo música; siempre, han sido Humanidad. Madrid, ciudadanía valiente y sabedora de su historia, ha incendiado la chispa necesaria para el despertar del mundo y dejar de blanquear un genocidio histórico sucedido en tiempo real, impidiendo que La Vuelta terminara al unísono grito de protesta: ¡Palestina libre! Este poderoso grito fue iniciado desde hace ocho días por René Pérez Joglar –Residente– en la plancha del Zócalo de CDMX ante 180,000 personas; el cantante puertorriqueño siempre comprometido con causas sociales invitó a una familia de refugiados palestinos antes de cantar Latinoamérica, la niña, entre lagrimas se presentó gritando “¡Alto al genocidio, viva Palestina!” Porque nunca, el deporte ha sido solo deporte, ni la música ha sido solo música; siempre, han sido Humanidad.
El momento vivido en el mundo es tensísimo debido a la vibración de los extremos nacionales conquistando al por igual gobiernos y civiles, quienes toman con manos de gurús y falsos profetas (véase Charlie Kirk), banderas de legados otorgados por dioses milenarios, libertades a conveniencia y supremacías morales; la intolerancia y el racismo son el pan de cada día, aquel extremismo emanado de lo local no deja espacio para la concordia, para la tolerancia, crea zanjas de guerra entre iguales y resulta tan creciente en desmedida hasta desembocar entre conflicto de naciones. Eso sí, el suceso actual más visible de intolerancia y supremacía en la geopolítica mundial —la ocupación israelí sobre Palestina— tiene muchísima historia. Hay que remontarse hasta la Guerra de los Seis días en 1967, incluso hay que tener claro la Diáspora judía, La Primera Aliá, las promesas británicas para establecer un hogar nacional judío en Palestina y blablabla, para entender a mediano rango la represión de Israel a Palestina; mejor dicho, el genocidio meditado —solapado por EUA y el inservible derecho internacional— por el criminal Netanyahu.
Y sin tener un mínimo de intención de tomar posturas sobre un conflicto tan complejo e histórico, o inclusive arengar ideologías propalestinas, sí se trata de fijar una postura humanitaria. No es una guerra, es un genocidio. 64,000 personas (aproximadamente 18,000 a 20,000 niños) han sido asesinadas por el régimen de Israel; entre ellos mujeres, deportistas, personal humanitario, religioso y de salud, además de prensa internacional. El mundo en su mayoría había estado callado, sin embargo, lo de ayer sucedido en la comunidad de Madrid puede ser la chispa necesaria para el despertar: las protestas en toda La Vuelta (evento ciclista de primer orden junto al Tour de France y al Giro d’Italia) ardieron desde el inicio por la incorporación del equipo Israel Premier-Tech propiedad del sionista Sylvan Adams —falso filántropo ocupado en blanquear el genocidio con su fortuna y quien abiertamente ha defendido la limpieza étnica del pueblo palestino—. Desde las primeras etapas las protestas fueron visibles, hasta incendiarse de lleno en el País Vasco cuando los ciclistas se vieron imposibilitados en terminar; tardíamente la organización invitó públicamente al equipo a abandonar La Vuelta, cuestión no sucedida. Pero Madrid, etapa final, gritó por acá no. En un hecho histórico, forzó a detener las bicicletas y el blanqueamiento para que el mundo saliera de sí y viera el genocidio. Hoy Madrid es portada en todos los diarios del mundo.
El “sportwashing” es un método de diplomacia blanda para limpiar y normalizar acciones en clara contraposición con los derechos humanos; las naciones invierten cantidades estratosféricas de dinero para representaciones deportivas (inclusive artísticas) y entrar así, poco a poco, en la vida internacional; así, acciones viles regularizadas, contagian, normalizan marcas, esfuerzos ajenos para que aceptemos, callemos y volteemos a otro lado. Por eso es que lo de Madrid fue tan importante: porque el ciclismo es un deporte que pertenece al pueblo, es decir no se tiene que pagar entradas para ello —lejano de lo que sucede con el sportwashing futbolístico (por decir algo), en el que tú tienes que pagar una entrada, y con ello aceptar, (véase Arabia Saudita)—. Inclusive el propio Vingegaard, campeón virtual de La Vuelta, declaró tras lo sucedido en el País Vasco: “La gente lo hace por una razón. Es terrible lo que está pasando. Creo que quizá los que protestan quieren tener una voz, así que quizá sean los medios de comunicación los que deban darles esa voz. Quizá por eso lo están haciendo”.
Por eso fue tan importante lo de Madrid, Madrid de la que escribió Antonio Machado: “Madrid, barrera infranqueable contra los facciosos; Madrid, donde el pueblo se levanta como un mar enfurecido”. Por eso, lo de Residente en el Zócalo fue tan importante; por eso ayer mismo, fue tan importante lo de Javier Bardem en la gala de los Emmy, porque cuando las representaciones de las naciones callan, el pueblo grita ante las imposiciones de lo que intentan blanquear como deporte o arte; porque lo verdadero, es intangible y universal, nunca se impone y nace de la humanidad, porque nunca, el deporte ha sido solo deporte, ni la música ha sido solo música; siempre, han sido Humanidad.
 
*La viñeta obtenida de X, emula a uno de los personajes de la pintura “El 3 de mayo en Madrid” de Francisco Goya (sobre los fusilamientos al pueblo español en la ocupación francesa), sosteniendo una bufanda con la actual Palestina.