eduardo-lozano
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(Crónica de un amparo no recibido). Fue el pasado lunes. Acompañaba a mi colega R. a ingresar un amparo en contra de una orden de aprehensión. El día inhábil, establecido por el Consejo de la Judicatura Federal, iniciado el jueves 19 de octubre se alargó hasta ese lunes… y luego al martes, y luego al miércoles y así hasta llegar a este viernes 27. Sentados, todo el personal judicial, con playeras blancas estampadas de leyendas en apoyo al PJF, comían tortas y pollos asados, platicando a la vez, despreocupados o quizá relajados (por rara ocasión) en las afueras del edificio del vigésimo octavo circuito federal. Estacionados, sus Audis, Mini Coopers, Volkswagen de alta gama y demás automóviles no menores, reproducían canciones. Era como una vacación, ¿o una huelga? Resultaría raro este término, pues autorizada y pagada por ellos mismos, ¿cómo se le podría definir?

Fue muy costoso sortear a todos los sentados. Llegando a la reja (por fin), pudimos ver las circulares y los números telefónicos de guardia. Nos contestó un licenciado tal no se qué, grosero y déspota, afirmando que, si no era presentado electrónicamente, ningún amparo sin carácter urgente no se recibiría hasta el miércoles; contradictorio, pues el amparo en su carácter protector de derechos humanos es per se, urgente. Luego pues, el miércoles volvimos; tras esperar dos horas, entre muchos ‘espérennos tantito’, llegó la noticia: «se dará como inhábil también el día de hoy, de hecho, se alargará hasta el viernes».

El amparo, un recurso de protección de derechos humano, ágil, efectivo y sencillo, no ha sido presentado, pues a sus ojos doctos, puede esperar a que termine el paro del PJF. No es urgente.

(Cómo mueren las democracias). Lo anterior, resulta ser el título de un libro publicado por la editorial Ariel, autoría de dos politólogos apellidados Levitsy y Ziblatt. Es un gran texto. En resumidas cuentas, contiene las banderas rojas, esas acciones realizadas por presidentes y toleradas por la ciudadanía, que conllevan por su naturaleza a las autocracias. La fricción, modificación o vulneración desde el ejecutivo al poder judicial es parte de dichas banderas rojas; todos lo sabemos: es sumamente relevante la división de poderes para la democracia. El PJ, tras lo ordenado por AMLO (eliminar 13 de 14 de sus fideicomisos), ha sido tomado como bandera de vulneración a la autonomía del judicial, pero ello, no resulta por demás falso. No es el caso. No nos la vendan así.

Pues, ¿de qué privilegios se tratan? Es fácil percibir, que el judicial, ha sido el poder más oscuro y menos transparente a ojos de la ciudanía desde siempre. ¿Tratar de controlar, observar, transparentar, lo que hacen con nuestros impuestos es vulnerar la autonomía del poder judicial? La decisión de AMLO puede ser criticada en sus formas (parece un hachazo, más que una diligente cirugía), pero no en el fondo; es forzosa la necesidad de debatir si aquellos sueldos son justos o no lo son, y si son privilegiados o no. Por ejemplificar, dependiendo del distrito, los salarios de un juez a un ministro van desde los $50,000.00 a los 276,000.00 mensuales, más prestaciones —lógicamente, porque al ISSSTE, claramente no acuden—; y por prestaciones me refiero a todo, a alimentos (o cuentas de restorán), demás viáticos, choferes, gastos de comunicación y hasta personal del hogar. ¿Por qué ellos deben gastar a discreción sus partidas?, dixit mi madre cuando me excedo en alguna función: ¿de qué privilegios gozas?

Risible la afirmación que el PJ es lo poco que sostiene el estado de derecho en este país, pues la corrupción y el poco acceso de justicia, sigue siendo una materia reprobada en México (aun con esos estratosféricos sueldos), y, además, todas las importantes reformas al sistema judicial mexicano han venido ordenadas del derecho y sentencias internacionales. Acá bueno, suelen pelotear y desechar en extremo los amparos y demás recursos con la finalidad de aligerar su carga laboral misma que por decisión de ellos mismos no deciden acrecentar.

Seguramente vendrán amparos recurridos por ellos mismos después de las posibles vulneraciones y ganará —como siempre ante tanta torpeza— el viejo lobo de mar con fines electorales, ¿pueden ser juez y parte? Están entrando humillados y entregados a la muleta de AMLO. Ninguna institución humana es perfecta, todas, modificables.

(El güero o Travis de Paris, Texas). El güero, es un hombre de la tercera edad, bonachón, gracioso al hablar y siempre con su gorra de beisbolista. Me recuerda mucho en su persona a Travis, el personaje de la película ‘Paris, Texas’ de Wim Wenders. Tienen el mismo rostro.

Bueno, él, el popular güero, es un viene-viene de Ciudad Judicial; tiene su changarro o su zona, en la primera rotonda de los juzgados locales. No conoce a fondo la querella entre AMLO y el PJ, solamente sabe que no están viniendo a trabajar y lo nota en el flujo vehicular. Hace no mucho se ausento tres días por salud; no tiene seguridad social. Él, nos cuida a los recurrentes, los autos por la moneda que sobre en el bolsillo y a otros les lava el vehículo por $30.00. Nunca se ha manifestado por sus derechos laborales ni sabe de amparos para atender la cirugía necesitada y negada. Solamente cuida coches a pleno rayo de sol para poder llevar al día la comida a su familia. Eso sí, espera que los quejosos a los que el dictador les están vulnerando sus derechos laborales escudados en falsos privilegios (porque, ¡claro que no, no son privilegios… son conquistas obtenidas!), vuelvan pronto a trabajar: así le caerá más chamba. Los derechos humanos (y posibles vulneraciones) de algunas personas siguen pesando más que los de otras. 2023. México.