Tauromaquia es el término del griego destinado a definir la actividad de lucha entre un toro y un ser humano; antes y para fines de estos apuntes, podrían servir de una mejor manera taurobolios (caza de un toro salvaje) o taurokatapsia (actividad gimnástica mediante un toro salvaje) actividades y términos—también griegos— que se ahondarán a mayor profundidad en lo sucesivo. Estos dos términos serían más propios que la misma Tauromaquia como frontera final de una actividad ya establecida y perfeccionada tal como se conoce en la actualidad; pues realmente Tauromaquia se consolida tras ellos dos y no solamente con sus antecedentes más lejanos de la actividad que los griegos exportaron a Roma, sino, bajo mi consideración hasta la ‘Tauromaquia o arte de torear’ de Pepe-Illo en 1796 y fortalecido en la ‘Tauromaquia completa, o sea el arte de torear’, tanto a pie como a caballo’ de Francisco Montes “Paquiro”; ciertamente, hasta estas dos pronunciaciones intelectuales de matadores se fijan las primeras reglamentaciones que dan forma al espectáculo entendiéndolo como el arte de lidiar toros bravos, lejos de cualquier forma de entretenimiento anárquico o de un ritual. Pero bien, para fines prácticos y entendiéndola como actividad humana propia de la relación del hombre con el toro (y sus concernientes), titularé estas reflexiones, publicadas paulatinamente, como: La tauromaquia antes de Cristo.

«ese sacrificio de vida y bravura, ambivalente para cazador y cazado, está siempre sujeto al respeto por compartir un universo mutuo; el animal era respetado como un semejante, como miembro de un mismo colectivo social y propio de un mismo dueño o dios: la comida tenía alma»
Es claro que el Toro debe estar presente como parte esencial para abordar la antropología y todos sus relacionados; la profunda relación del humano con el toro es anterior al Antropocentrismo y en las raíces más básicas de la humanidad. Es prudente mencionar que en ese periodo, el animismo «del latín ánima, alma o espíritu es la creencia de qué casi todos los lugares, todos los animales, todas las plantas y todos los fenómenos naturales tienen conciencia y sentimientos, y pueden comunicarse directamente con los humanos»1 , regía los primeros devenires sociales y espirituales del ser humano; se puede advertir con ello que los primeros cazadores-recolectores practicantes del animismo —piedra elemental de toda creencia divina— heredan a la tauromaquia el sentido de empatía que tiene hoy en día la práctica (ya instaurada como espectáculo) para con los sacrificios de toros. En este primer estadio, ese sacrificio de vida y bravura, ambivalente para cazador y cazado, está siempre sujeto al respeto por compartir un universo mutuo; el animal era respetado como un semejante, como miembro de un mismo colectivo social y propio de un mismo dueño o dios: la comida tenía alma. 2
En la Cueva de Lascaux y su réplica, se puede entender lo anterior; las primeras manifestaciones artísticas del ser humano representan, antes que al propio humano, a los animales de su entorno y su relación en él. Claramente el Uro, antecesor del Toro, tiene un lugar de privilegio en ello. En la citada cueva se manifiesta la primera tauromaquia de la humanidad: la pintura rupestre de un Toro lanceado después de herir mortalmente a su matador (sírvase para también establecer en pictografía al primer matador y primer corneado de la historia). Todo ello unos 15.000 años antes de Cristo. Esto nos deja preguntas relevantes que diferenciarán el sentido de la tauromaquia para siempre: ¿por qué no hay pinturas prehistóricas recolectando semillas o dando muerte a animales mansos?, ¿cuál es la necesidad de los primeros humanos artistas en priorizar (representando pictóricamente) la cacería del Uro o de cualquier otro animal salvaje que les representaba un visible riesgo a su integridad, sobre cualquier otra actividad cotidiana? Es claro que hay una necesidad de remarcar, de enfatizar y de dejar en la memoria colectiva para fortalecer mediante los primeros relatos (el mismo Harari y diversos autores establecen la tesis de la importancia suprema de los relatos contados para la formulación de las sociedades), aquellos valores dignos de recordarse para los seres venideros y que enaltecían las virtudes de la especie humana en su entorno: el respeto al semejante y la valentía como virtud suprema humana, esa que permite lancear toros arriesgando la vida para conseguir sus alimentos mediante fuerza física e intelecto, y que, sobre todo, esos alimentos tuvieran el alto grado de dignidad de poder consumirse habiendo sido parte de una lucha-ritual entre iguales.
Reiterando que, ese sentido de igualdad heredado del animismo, es el valor supremo en la tauromaquia y que, desaparecido (por manipulación y perversión humana), pierde todo sentido; la supuesta igualdad o semejanza que establezco primordialmente en este texto, resulta difícil entender para el contrario a esta práctica, pero no se basa en igualdad de fuerza, de intelecto, de equivalencia humana (propuesta por la Biblia y que influye por completo en su entendimiento) o animal o de cualquier otro tipo: se basa en esa igualdad de ambos, propia y fundamentalmente por la convivencia en un mismo universo y tiempo, en el que, tanto el uno como el otro pueden matar para sobrevivir.
«Es entonces en esta primera instancia, la tauromaquia, sobre todas las cosas, un ritual de vida, de muerte y de respeto por el semejante.»
Bien, hasta esta primera entrega, se establecen puntos fundamentales y concluyentes: la tauromaquia en sus antecedentes más antiguos nace, no de la simple y vana cacería, sino, del ritual animista (pues recordemos “la comida tiene alma”) de dar muerte al toro por el matador cazador-recolector, y ese mismo sentido de ritual, de respeto al semejante, le hace evolucionar dando pauta a la veneración del toro que se fortalecerá con los mitos. Esto resulta relevante pues de la importancia del relato, se da pie al siguiente estadio de la tauromaquia: del ritual de la cacería, al mito y a la deidad.
Es entonces en esta primera instancia, la tauromaquia, sobre todas las cosas, un ritual de vida, de muerte y de respeto por el semejante.
REFERENCIAS:
1
Harari, Yuval Noah. 2017. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Undécima reimpresión, Ciudad de México: Penguin Random House, 71p.
2
Balsanelli, Alice. 2019. “Cuando la comida tiene alma: reflexiones en torno a las prácticas cinegéticas lacandonas”. Maguaré 33, 1: 47-73. DOI: https://doi.org/10.15446/mag.v33n1.82406
CONSULTADO DE:
González Estefani, J. M. (1966). Los mitos del toro. ¡Toro! Primera tauromaquia en color.
De Miranda, Á. Á. (1998). Ritos y juegos del toro.

