“Alguien dijo una vez que, al buscar gente para contratar, se buscan tres cualidades: integridad, inteligencia y energía. Si no tienes la primera, las otras dos te matarán” -Warren Buffet-
Quizá uno de los temas que más expectativas ha generado, desde la toma de posesión de la nueva presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, es el relacionado con la seguridad.
El compromiso de paz y seguridad y la estrategia que empleará y que deberá “aterrizarse” en todos los estados a nivel nacional, fue dada a conocer la mañana de este martes durante su conferencia matutina.
Cuatro ejes
Fue el Secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, quien, de manera sintética, dio a conocer los cuatro ejes de la Estrategia Nacional de Seguridad: atención a las causas; consolidación de la Guardia Nacional; fortalecimiento de inteligencia e investigación y, coordinación absoluta en el gabinete de seguridad con las entidades federativas.
Sin duda, la estrategia mantiene la línea iniciada por el presidente López Obrador, sólo que se entra en el terreno del trabajo fino, después de haber tenido la experiencia de un sexenio previo que rompió con inercias heredadas de administraciones anteriores.
El reto
Evidentemente, el reto es muy grande para la actual administración, porque deberá, además de afinar la estrategia heredada, corregir el rumbo a partir de un diagnóstico apegado estrictamente a la realidad de cada una de las regiones de nuestro país. El trabajo fino, deberá ser fortalecido por el trabajo coordinado con la Secretaria de Seguridad Ciudadana de cada entidad y con propuestas específicas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Ciudadana de todos los estados.
Y por supuesto que es un reto lograr que se trabaje de manera coordinada entre ambos entes existentes en cada uno de los estados de nuestro país, cuando es una realidad las diferencias existentes en algunas entidades.
Las cifras
Los datos duros sobre la incidencia delictiva son un referente para saber si las estrategias implementadas en determinado momento, han funcionado o no. Sirven para medir el grado de eficacia de las mismas y para corregir el rumbo para mejorar los resultados. Pero también funcionan para evaluar a quienes son las/los responsables de adaptar los programas federales a las realidades concretas y problemáticas de cada uno de los estados de nuestro país.
No se trata de replicar el modelo federal a “tabla rasa” sino de un conocimiento quirúrgico que permita implementar estrategias con mejores resultados. La improvisación o la toma decisiones repentinas suelen dar resultados que le “pegan” directamente a la ciudadanía.
Inteligencia
La estrategia nacional es puntual al señalar, de manera sumamente crítica, que la inteligencia en materia de seguridad debe servir para anticiparse a la comisión de delitos de alto impacto, y no solamente a reaccionar.
Por ello, es fundamental comprender el fenómeno delictivo en cada entidad y adoptar, si es necesario, una visión regional que permita el trabajo conjunto, pero de manera real, para disminuir los delitos que se cometen todos los días.
Las áreas de inteligencia no pueden limitarse a la adquisición de equipo tecnológico de alta gama sin que haya antes: capacitación y profesionalización para el máximo aprovechamiento de las herramientas tecnológicas por parte del personal técnico.
La estrategia, en cada estado, deberá contemplar un conocimiento profundo de las dinámicas del fenómeno delictivo: las zonas de mayor incidencia, las características de delitos de mediano y alto impacto que se han agudizado en las últimas décadas, además, del uso y análisis de datos que permitan identificar patrones y características del delito, así como los generadores y redes de violencia.
A pie de página
Habrá que estar atentas/os a lo señalado por García Harfuch, en el sentido de la creación de un sistema de evaluación para las 32 policías estatales.
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