LA CUARTA TRANSFORMACIÓN: EXIGE LIDERAZGO PROBADO Y VISIÓN DE ESTADO

OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
OPINIÓN DE ROBERTO NUÑEZ
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Por encima de las encuestas, de las coyunturas y de las legítimas aspiraciones personales, Morena enfrenta en Tlaxcala una decisión que marcará el rumbo político de la entidad para la próxima década: definir quién debe encabezar la coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación y, eventualmente, la candidatura al Gobierno del Estado.

En ese escenario destacan dos perfiles con presencia real en la vida pública tlaxcalteca: la senadora Ana Lilia Rivera Rivera y el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García.

Sin embargo, la pregunta de fondo no es quién aparece mejor en una fotografía coyuntural. La verdadera pregunta es quién posee la trayectoria, la experiencia política, la capacidad de interlocución nacional y la autoridad moral para conducir una etapa decisiva de la Cuarta Transformación en Tlaxcala.

Y es ahí donde Ana Lilia Rivera presenta ventajas difíciles de ignorar.

A diferencia de otros aspirantes, su carrera política no se construyó desde el poder heredado ni desde estructuras familiares consolidadas. Su trayectoria ha sido resultado de años de trabajo legislativo, organización política y participación dentro del movimiento que dio origen a Morena.

Su paso por el Senado de la República y, particularmente, su responsabilidad como presidenta de la Cámara Alta, le permitieron adquirir una visión de Estado que pocos políticos tlaxcaltecas han alcanzado en las últimas décadas. No se trata únicamente de ocupar un cargo relevante; se trata de haber demostrado capacidad para conducir acuerdos nacionales, representar institucionalmente a uno de los poderes de la Unión y participar en algunos de los momentos legislativos más importantes del país.

La experiencia ejecutiva es importante. Nadie puede negarlo. Pero gobernar un municipio y conducir políticamente un estado son responsabilidades de distinta naturaleza. Tlaxcala requerirá en los próximos años una gobernadora capaz de gestionar recursos federales, construir acuerdos con el Congreso de la Unión, mantener interlocución permanente con el Gobierno de México y defender los intereses del estado en el escenario nacional.

Ana Lilia Rivera ya ha demostrado esa capacidad.

Además, existe un elemento político que Morena no puede soslayar. El movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en combatir prácticas asociadas al patrimonialismo político, al influyentismo y a las dinastías de poder. En ese contexto, Ana Lilia representa con mayor claridad la narrativa de una dirigente formada dentro de la lucha política y social del movimiento.

La coordinación de la Defensa de la Cuarta Transformación no debe entenderse únicamente como una antesala electoral. Es, sobre todo, una responsabilidad política para preservar la unidad interna de Morena, consolidar los avances alcanzados y garantizar que el proyecto continúe teniendo legitimidad ante la ciudadanía.

Por trayectoria, por experiencia institucional, por conocimiento del movimiento y por capacidad de interlocución nacional, Ana Lilia Rivera reúne hoy las mejores condiciones para asumir esa responsabilidad.

Las encuestas pueden cambiar. Los momentos políticos también. Pero cuando se trata de definir quién debe conducir el siguiente capítulo de la transformación en Tlaxcala, la experiencia, la congruencia y la visión de Estado pesan más que cualquier tendencia temporal.

Si Morena busca un perfil que represente continuidad con identidad propia, liderazgo probado y capacidad para gobernar desde el primer día, la decisión parece cada vez más clara: Ana Lilia Rivera debe ser la próxima coordinadora de la Defensa de la Cuarta Transformación en Tlaxcala y, desde esa posición, construir la ruta hacia la gubernatura de 2027.