Kimi Antonelli se consagra como el campeón más joven de la F1

Comparte esta nota

El tiempo es un concepto escurridizo y no corre igual para todos. A los 20 años, Kimi Antonelli se consagró en el Gran Premio de la Ciudad de México y se convirtió en el campeón más joven en la historia de la Fórmula 1. Sólo necesitaba terminar entre los primeros nueve para lograrlo, pero este muchacho italiano no se conformó con celebrar su título sin subir al podio: se lanzó con su Mercedes para arrebatar el tercer lugar. El segundo puesto fue para Lewis Hamilton, un veterano que se resiste a envejecer y que parece engañar al tiempo ahora que renació con Ferrari, y la victoria fue de Max Verstappen, la sexta que consigue con Red Bull en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

Antonelli rompió el récord que pertenecía a Sebastian Vettel, quien en 2010 ganó el título mundial con 23 años de edad. Y también terminó con una larga espera para Italia, un país con profunda tradición en el automovilismo pero que no tenía un campeón en Fórmula 1 desde hace 73 años. Lo consiguió un muchacho de Bolonia, tierra de motores y pilotos intrépidos.

Apenas se apearon de sus monoplazas, Hamilton fue enseguida a abrazar a Kimi. Ese abrazo fue un acto simbólico porque recordó aquella imagen de hace ocho años cuando Antonelli era todavía un niño que saludaba a Hamilton, quien ya era toda una estrella en la Fórmula 1 con cuatro de los siete títulos que tiene hasta el momento. En aquella foto, el pequeño mira al piloto británico con esa alegría inconfundible de quien tiene enfrente a su ídolo que considera inalcanzable.

Al finalizar la carrera, todavía arriba del monoplaza y con el casco en la cabeza, Antonelli sollozaba; entre los balbuceos, no se entendía lo que decía por la radio. No era sólo la emoción por lo que había logrado y que ya estaba casi confirmado desde antes de que arrancara esta carrera. Era una carga mucho más pesada de la que se liberaba, algo difícil de manejar para un muchacho que en varios países todavía es menor. Se hacían bromas de que al festejar bebió de la champaña, esa que en otras victorias de este año no pudo probar por no estar permitido por su edad.

“No podía ver la pista; he estado llorando toda esa última vuelta”, dijo cuando ya estaba más aliviado y en condiciones de declarar.

No es fácil entender lo que viven estos personajes. En los días previos reconoció que estaba bajo demasiada presión. Tanta que dormía poco y una noche, incluso, la pasó con fiebre. La inquietud de este Gran Premio en México era mucho mayor a la acostumbrada –contó un día antes–, porque todo mundo le insistía que ya había ganado el campeonato y todavía ni lo corría. El llanto fue también una forma de liberación.

La historia del deporte tiene toda una galería de héroes precoces. Muchachos que conocieron la gloria cuando apenas habían dejado poco tiempo antes la adolescencia. El legendario boxeador Muhammad Ali consiguió el campeonato mundial de los pesos completos cuando tenía 22 años. Y el feroz Mike Tyson conquistó el título de los pesados con 20 años. Pero nadie fue tan precoz como el Rey Pelé, quien a los 17 años fue campeón del mundo con Brasil en el Mundial de Futbol de Suecia 1958. Antonelli ahora será una referencia histórica en el deporte y una marca a romper en la Fórmula 1.

ImagenVíctor Camacho

Valtteri Bottas y el percance de Cadillac

La carrera se desarrollaba sin contratiempos. Algunos decían que les parecía algo monótona, e incluso aburrida, hasta que un percance le dio un giro inesperado en la vuelta 45. A más de 300 kilómetros por hora, Valtteri Bottas perdió el control de su Cadillac cuando la suspensión del neumático izquierdo se rompió y lo envió contra la barrera de seguridad. Fue dramático, pero el finlandés resultó ileso, sin embargo, la carrera se interrumpió por más de media hora.

En la parrilla otra vez, la arrancada fue una nueva carrera que obligó a modificar las estrategias de los pilotos y las ventajas se alteraron. Verstappen salió a la cabeza, detrás Charles Leclerc con su Ferrari, seguido de Hamilton y Antonelli.

Faltaba otro golpe espectacular cuando Antonelli, ese piloto emocional y aún con cara de niño, adelantó a Leclerc para arrebatarle el podio y consagrarse con autoridad.

“Ahora vamos a disfrutar el resto de la temporada”, dijo Antonelli; “esto sólo representa el principio. Esta victoria marca un comienzo”.

Las 300 carreras de Checo

Sergio Pérez tuvo otra percepción del tiempo distinta a la del joven campeón del mundo. Para el mexicano cumplir 300 carreras en la Fórmula 1 representa un triunfo de la persistencia en un territorio que suele ser hostil con los pilotos no nacidos en Europa. En 15 temporadas en la categoría, tuvo que demostrar que merecía estar ahí ante la desconfianza de directivos que incluso le hicieron comentarios xenófobos y racistas.

Después de su salida repentina de Red Bull al finalizar la temporada 2024, parecía que su carrera en la Fórmula 1 había llegado a su fin. A pesar de todo, en ese equipo logró sus mejores resultados, entre ellos un subcampeonato.

Pero volvió y lo festejó ayer; antes de la carrera salió frente al público en el Autódromo Hermanos Rodríguez para agradecerles. A pesar de que terminó en el puesto 16, el último entre los que terminaron, logró la meta de mantenerse en el difícil mundo de la Fórmula 1.

Es importante destacar que hubo un nuevo récord de asistencia el fin de semana con 405 mil 363 personas; sólo ayer estuvieron presentes 155 mil 352.

“Lo corrieron de varios equipos, le metieron el pie en muchas ocasiones, lo ningunearon y pensamos que no volvería a correr en la Fórmula 1, y aquí está, frente a su gente y como líder de un equipo nuevo. Esto es un triunfo para un piloto mexicano y para nuestra afición”, celebró Antonio Pérez, padre del piloto.

ImagenFoto Víctor Camacho
CON INFROMACION DE LA JORNADA