En tan solo siete días, la violencia en Tlaxcala ha alcanzado niveles alarmantes con al menos siete delitos de alto impacto registrados en distintas regiones del estado. Estos hechos contrastan con el discurso oficial que insiste en promover una imagen de seguridad bajo el lema de “vivir sin miedo”.
El mes de junio cerró como uno de los más violentos del año en la entidad, y julio parece seguir la misma tendencia. Entre los delitos registrados durante la primera semana del mes se incluyen homicidios dolosos, ataques armados, hallazgos de narco laboratorios y desapariciones, sin que hasta el momento se reporten detenciones.
Uno de los casos que encendió las alertas fue el ataque a un empresario originario de Monterrey, ocurrido en plena capital del estado. Este hecho evidenció la creciente inseguridad y la limitada capacidad operativa y tecnológica de las fuerzas de seguridad estatales.
El titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), Alberto Perea Marrufo, atribuyó los recientes ataques armados a presuntas bandas locales en ajustes de cuentas. Esta declaración confirma la presencia y operación de células del crimen organizado en el estado, que actúan con violencia e impunidad.
Pese a asegurar que las investigaciones están avanzadas y que pronto se anunciarán detenciones, la respuesta de las autoridades ha sido percibida como tardía e ineficaz. Un ejemplo es el reciente hallazgo de un narco laboratorio en el municipio de Tlaxco, el cual estaba listo para operar. Este laboratorio fue descubierto en una zona cercana a otro que ya había sido incautado meses atrás, lo que evidencia la reincidencia del crimen organizado y la debilidad de los mecanismos de prevención.
El asesinato de un menor de 17 años durante un ataque armado en El Carmen Tequexquitla, el pasado lunes 6 de julio, es otra muestra de la creciente violencia. Este hecho pone en duda la funcionalidad de los sistemas de videovigilancia y la efectividad del patrullaje en las zonas de mayor riesgo.
Por su parte, el secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, reconoció públicamente que ya operan células criminales en Tlaxcala. Sin embargo, también admitió que no se estaría actuando con la rapidez necesaria para desarticularlas, generando preocupación entre la ciudadanía.
Mientras los hechos delictivos continúan, el llamado oficial sigue siendo “vivir sin miedo”, una consigna que cada vez parece más alejada de la realidad que enfrentan los tlaxcaltecas.