Las acciones de saneamiento realizadas por los gobiernos federal y estatal no han tenido un impacto sustancial para frenar la contaminación de los ríos Atoyac y Zahuapan, y sus efectos sobre la salud, denunciaron integrantes de la Coordinadora por un Atoyac con Vida y el Centro Fray Julián Garcés.
Al fijar un posicionamiento del foro “Cuenca del Alto Atoyac, voces comunitarias sobre la devastación socioambiental” -celebrado el pasado fin de semana-, consideraron que una muestra de lo anterior se refleja en que, hasta la fecha, se mantienen los mismos patrones de contaminación y dilución de los mismos.
“Es importante señalar que esta dilución no es resultado de algún tipo de obra pública realizada sino un efecto del comportamiento del movimiento del agua sobre el cauce del río. Esto quiere decir que las inversiones millonarias hechas por los gobiernos en plantas de tratamiento y otras infraestructuras para el saneamiento no reflejan resultados ni siquiera en los monitoreos realizados por el mismo gobierno federal a través de la Conagua”, reprocharon.
Como ejemplo, refirieron que el equipo de investigación del doctor Omar Arellano realizó una medición de calidad del aire el 13 de junio de este año en el río Xochiac, poco antes de unirse al Atoyac.
Ahí se encontró que, a 20 metros del cauce del río, “junto al camino y en las tierras de siembra, las personas están expuestas de manera constante a una emanación de entre 366 y 416 ppm (partes por millón) de cloruro de vinilo dispersado por los vientos, cuando el límite máximo permitido de exposición en una jornada laboral de 8 horas es de 1 ppm”, de acuerdo con la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de los Estados Unidos.
“Esto muestra el riesgo de sufrir afectaciones a nuestra salud por enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la contaminación industrial, al que las y los habitantes de la Cuenca del Alto Atoyac estamos expuestos de manera constante”, dijeron.
También consideraron “indignante, que a pesar de que hoy existen datos contundentes sobre la toxicidad generada por las emisiones industriales al agua, al suelo y al aire, la CNDH haya dado por cumplimentadas las recomendaciones a Semarnat, Profepa y Cofepris”, emitidas desde 2017.
“Las acciones realizadas por estas instituciones fueron solo de carácter administrativo y sin que las actividades reportadas llevaran ni siquiera a alcanzar la principal recomendación: la elaboración e implementación de un programa integral de restauración ecológica o de saneamiento de la Cuenca del Atoyac”.
Lo anterior, advirtieron, “ha generado no sólo que la contaminación se siga agudizando, teniendo graves impactos en la salud como ya se publicó por parte del Conahcyt en el Primer Informe Estratégico Cuenca del Alto Atoyac (Tlaxcala – Puebla): Región de Emergencia Sanitaria y Ambiental y recomendaciones para su atención integral, sino que existe una reincidencia en la violación a los derechos humanos de las personas que habitamos en la Cuenca del Alto Atoyac, entre ellos los derechos al medio ambiente sano, a la vida, a la salud, al agua ya su saneamiento”.
Por ello, exigieron a la CNDH que explique “las razones por las que se han dado por cumplimentadas las recomendaciones hechas a la Semarnat, Profepa y Cofepris en la recomendación CNDH 10/2017, ya que en nuestra vida diaria no observamos que se estén respetando nuestros derechos humanos al medio ambiente sano, a la vida, a la salud, al agua”.
Subrayaron que, a más de siete años de emitida la Recomendación 10/2017, los datos respecto a la presencia de sustancias tóxicas presentes en la Cuenca del Alto Atoyac “son más contundentes que en 2011. Esto ha quedado demostrado en los resultados de los diferentes proyectos de investigación e incidencia de los Programas Nacionales Estratégicos del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), desarrollados durante los últimos tres años en la cuenca”.
Entre esas sustancias se encuentran metales pesados y químicos tóxicos como mercurio, níquel, plomo, cianuro, arsénico, cobre, cromo, cadmio, zinc, compuestos orgánicos volátiles (tolueno, dibromoclorometano, cloroformo, cloruro de vinilo, cloruro de metilo, fenoles, compuestos de benceno y xilenos), nitritos, nitratos, fosfatos y sólidos suspendidos.
Además, se ha detectado presencia de nitrógeno debido al uso excesivo de fertilizantes, detergentes y procesos de descargas industriales que no se encuentran regulados por ninguna norma mexicana.
Consideraron que la Norma Oficial Mexicana 001-Semarnat-2021 “es todavía insuficiente para los niveles actuales de contaminación en la Cuenca, pues únicamente contempla 22 parámetros mientras que 81 contaminantes no están sujetos a ninguna norma ambiental”.
Con información de Faro Tlax