- La Presidenta del Senado, destacó la interdependencia que la alimentación tiene para ejercer otros derechos fundamentales, y que el acceso a esta, no quede como un mero enunciado y se erradique progresivamente el hambre y la malnutrición en México.
De manera unánime y con 98 votos a favor, el Senado de la República aprobó la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible, cuyo principal objetivo es garantizar una alimentación adecuada sobre todo de las personas más vulnerables, además de respetar y proteger el interés superior de la niñez.
Se trata de la legislación reglamentaria a la reforma constitucional de 2011 que garantizó ese derecho, y busca asegurar la producción, abasto, distribución justa y equitativa, así como el consumo de alimentos nutritivos, suficientes, de calidad, inocuos y culturalmente adecuados.
En tribuna, como promovente de esta iniciativa, la presidenta del senado, Ana Lilia Rivera consideró un hecho histórico este logro, pues destacó la interdependencia que la alimentación tiene para ejercer otros derechos fundamentales, y que el acceso a esta, no quede como un mero enunciado y se erradique progresivamente el hambre y la malnutrición en México.
“El país nunca había experimentado un entorno político tan propicio para impulsar una causa social tan legítima como esta” agregó.
La tlaxcalteca puntualizó la relevancia del proyecto bajo 3 perspectivas, que son:
1.- Desde el punto de vista jurídico, al ser la alimentación un derecho que está marcado en la Constitución, por lo que el estado debe tomar todas las medidas para garantizarla.
2.- Desde una perspectiva política, pues desde el reconocimiento constitucional del derecho humano a la alimentación en 2011, lo que representó un logro político y social impulsado por un grupo minoritario con una auténtica orientación de izquierda, no se había logrado la aprobación de esta ley debido a conflictos de interés y falta de voluntad.
3.- Además, es un acto de justicia y garantía de que el país se hará cargo de proporcionar un sistema alimentario, justo y equitativo, que elimine las barreras estructurales que impidan a los mexicanos tener una vida sana y sostenible.
También pone al centro la soberanía alimentaria, que reconoce a las y los agricultores como actores centrales del bienestar de la patria, al tiempo que traspasa el modelo de la mera mercantilización de los alimentos, a la valoración de conocimientos y prácticas milenarias.
“Es importante el dinero, si, es importante la energía, sí, pero más importante para la seguridad alimentaria y la vida de México es que el estado garantice alimentos sanos para todos, sin discriminación. ¡Qué viva la soberanía alimentaria de México!” finalizó la tlaxcalteca.
