Durante mucho tiempo, las formas de cultivar, conservar el suelo, aprovechar el agua y convivir con el maguey fueron vistas sólo como parte de nuestro pasado agrícola. Hoy tenemos la oportunidad de mirarlas como conocimiento vivo y como una posible respuesta frente a algunos de los desafíos que enfrenta el campo.
Por eso tiene un significado especial la inauguración de la Escuela Campesina In Situ del Maguey y Metepantle, en Santiago Cuaula, Calpulalpan. No es solo abrir un espacio de estudio y capacitación, sino también darle contenido y continuidad al reconocimiento que recibió el metepantle tlaxcalteca como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, SIPAM.
Ese reconocimiento internacional tiene valor, sí, pero no puede convertirse en un diploma que se guarda en una vitrina. Si el conocimiento de nuestras comunidades ha permitido conservar la tierra y producir alimentos durante generaciones, tenemos la responsabilidad de estudiarlo, preservarlo y ponerlo nuevamente al servicio de la sociedad.
Eso es precisamente lo que empieza a ocurrir en Cuaula.
La escuela cuenta ya con viveros de hortalizas y maguey, sistemas de cosecha de agua y un Banco de Germoplasma para conservar y reproducir material vegetal. Son herramientas concretas para que el conocimiento tradicional no desaparezca y para que pueda dialogar con la ciencia y la investigación.
En este esfuerzo participan también instituciones académicas como la Universidad Autónoma Chapingo y el Colegio de Postgraduados de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Esa vinculación es fundamental. No podemos enfrentar los problemas actuales del campo solamente con nostalgia por lo que fuimos, pero tampoco podemos hacerlo ignorando lo que las comunidades saben.
Necesitamos unir ambos conocimientos.
El cambio climático ya está modificando las condiciones en las que se produce alimento. La disponibilidad de agua, la humedad del suelo y la conservación de los recursos naturales son asuntos que dejaron de ser discusiones del futuro. Ahora son problemas presentes para miles de familias campesinas.
Por eso considero que el siguiente paso debe ser estudiar con seriedad la capacidad del metepantle para recuperar suelos, conservar humedad y mejorar las condiciones productivas en regiones que enfrentan problemas similares.
No se trata de idealizar una práctica agrícola ni de afirmar que por sí sola resolverá los problemas del campo. Se trata de investigar qué funciona, cómo funciona y en qué condiciones puede reproducirse.
Tlaxcala tiene aquí una experiencia que puede ser útil para otras regiones del país.
El maguey, los cultivos asociados, las terrazas, la conservación del suelo, el aprovechamiento del agua y la diversidad de semillas forman parte de una misma lógica, que es producir sin romper la relación con el territorio.
Esa lógica tiene mucho que enseñarnos en un momento en el que necesitamos recuperar la capacidad de producir alimentos, cuidar nuestros recursos naturales y fortalecer la vida de las comunidades rurales.
También hay una dimensión cultural que no podemos perder de vista. Cuando desaparece una práctica agrícola, no sólo desaparece una técnica. Se pierde una parte de la memoria de una comunidad, una forma de entender el territorio y una manera de relacionarse con la naturaleza.
Por eso preservar el metepantle también significa preservar identidad.
La Escuela Campesina In Situ del Maguey y Metepantle puede convertirse en un punto de encuentro entre campesinos, jóvenes, investigadores, estudiantes e instituciones. Un lugar donde el conocimiento de quienes han trabajado la tierra durante décadas pueda encontrarse con nuevas herramientas científicas y tecnológicas.
Ese es, para mí, el verdadero sentido del SIPAM: que el reconocimiento internacional tenga consecuencias en la vida cotidiana.
Que una declaratoria se convierta en semillas conservadas, en agua aprovechada, en suelos recuperados, en jóvenes aprendiendo y en comunidades fortalecidas.
El metepantle pertenece a nuestra historia, pero no tiene por qué quedarse en ella.
Puede ser también parte de nuestro futuro. Y con la escuela campesina lo estamos construyendo.
