Hasta hace no mucho en estos días festivos, la tradición por excelencia de los apizaquenses tras comer el recalentado, era ir a los toros; pero con desgracia, debido a los desaciertos empresariales y gubernamentales, esto se ha diluido; hoy en día es una apuesta osada querer dar toros en Apizaco. Pero de escala histórica resulta el sainete que se ha marcado la administración de Apizaco en conjunto con la empresa Tore-ando, en teoría, licitadores para explotar los festejos taurinos de navidad y año nuevo.
Lo sucedido fue lo siguiente: resulta que la inexperiencia y la ilusión emprendedora de los empresarios taurinos, chocaron de lleno con la realidad en el festejo navideño y ni con boletos regalados pudieron poblar los tendidos de la monumental plaza de toros Rodolfo Rodríguez “El Pana” el pasado 25 de diciembre. Las pérdidas económicas tuvieron que haber puesto en la ruina a cualquiera. La justificación oficial fue inentendible y la justificación en los mentideros taurinos fue inverosímil; se rumoraron sucesos francamente dudosos y la honestidad tuvo que haber sido el mínimo gesto de respeto para los aficionados taurinos y para la confianza otorgada del Ayuntamiento.
Sería injusto no decir que la responsabilidad es compartida; Tore-ando por apostar tan fuerte sin tener los fondos suficientes para afrontar perdidas y los gobernantes por adjudicar a ojos cerrados a una sociedad tan nobel e inexperta. También, existe un fondo que explica la situación de la fiesta brava en México: 1. Las adjudicaciones para festejos taurinos en todos los ayuntamientos del país, además de ejecutarse en empresarios que avalen experiencia y suficiencia económica, debe ser por un lapso símil a la duración del gobierno municipal e incluso estatal (en los casos de las ferias), ¿Por qué? Muy simple, para que exista un proyecto —taurino y económico— a mediano o largo plazo que permita recuperar las inversiones y posibles pérdidas iniciales. El mayor cáncer en las licitaciones municipales es darle un día la empresa a alguien y al mes a otra distinta. 2. Las disputas para explotar los recintos deben ser como lo establece la ley, convocadas y públicas. ¿Alguien ha visto alguna convocatoria para adjudicar plazas de toros? 3. Además, dichos supuestos deben estar presentadas a la par de un proyecto mínimo que resguarde los intereses y la categoría de cada plaza. 4. Ningún festejo taurino programado por cualquier ayuntamiento debe ser gratis; esto genera una desigualdad cuando una empresa privada quiera competir en el mercado. 5. Es necesario reformular la inexactitud sobre los montos de alquiler de los recintos taurinos; para el presente ejemplo, la Ley de Ingresos de Apizaco establece un 2% del valor del espectáculo. Sin claridad, no existe certeza en los empresarios. En fin, la reformulación taurina en México, tras todos los ataques de los últimos años, tiene tanto por trabajar y parece lejana su llegada.
Salió caro políticamente para Apizaco el no prestar atención a sus asesores taurinos (si es que los tienen) y no escuchar las voces de autoridades taurinas estatales. El Hail Mary de auxilio sirvió para salir del apuro —también se debe decir—; acartelar a los dos novilleros tlaxcaltecas más interesantes del firmamento mexicano fue una decisión correcta para salvar la papeleta. Juan Pablo Ibarra y Marco Peláez causan gran ilusión; como hace años no sucedía y darles proyección en su tierra fue un acierto. La novillada sin picadores seguramente fue un festejo accesible para las arcas de todos los tributarios apizaquenses y cumplió con interés taurino; sin embargo, lo importante vendrá ahora. Replantear la estructura taurina también es un deber de la gobernanza y se deberá vigilar con sumo cuidado las decisiones para el futuro de la fiesta brava. Todo es política, todo comunica. Y nadie quiere otro empacho taurino en el día del recalentado en Apizaco.

