* No hay peor enemigo del campo que quien dice defenderlo mientras lo utiliza como escalera política.
Eso parece estar ocurriendo con el grupo “Agricultura Digna”, encabezado por Hugo Emigdio Taboada Espinosa, cuya supuesta fuerza social hoy se encuentra bajo cuestionamiento tras conocerse información que apunta a un presunto montaje para aparentar una convocatoria que no logró reunir por sí misma.
Si para llenar una protesta fue necesario pedir por WhatsApp que enviaran más tractores y más personas únicamente para impresionar a una televisora nacional, entonces no estamos frente a un movimiento sólido, sino ante una producción mediática donde los campesinos fueron convertidos en extras de una película política.
La pregunta es inevitable: ¿a quién pretendían engañar?
Porque el problema ya no es únicamente el caos vial que provocaron en la capital. El verdadero problema es que detrás del discurso de defensa del campo comienza a asomarse un proyecto político que utiliza la desesperación de los productores como combustible electoral.
Casualmente, uno de los rostros vinculados a estas movilizaciones, Luis Taboada Sánchez, ya levantó la mano para buscar una candidatura del PAN por el Distrito 01 de Calpulalpan. Nadie cuestiona su derecho a competir; lo cuestionable es convertir las necesidades del campo en una plataforma personal mientras se alimenta el descontento con promesas que difícilmente podrán cumplirse.
El libreto es viejo: exagerar la crisis, victimizarse, bloquear calles, generar presión mediática y aparecer como el supuesto salvador de los campesinos. Mientras tanto, quienes verdaderamente trabajan la tierra terminan perdiendo jornadas, dinero y credibilidad porque son utilizados como masa de maniobra.
La inconformidad legítima del sector agropecuario merece respeto. Lo que no merece respeto son quienes lucran con ella. Quien organiza protestas tiene la obligación moral de representar auténticamente a los productores, no de fabricar escenarios para las cámaras ni de inflar movilizaciones para aparentar un liderazgo que la realidad no confirma.
El campo tlaxcalteca necesita soluciones, no escenografías. Necesita políticas públicas, no espectáculos. Necesita dirigentes que hablen con la verdad, no operadores políticos disfrazados de líderes sociales.
Porque cuando un movimiento necesita fabricar su fuerza, quizá lo único que demuestra es la debilidad de quienes pretenden encabezarlo. Y cuando los campesinos descubren que fueron utilizados para construir carreras políticas, la cosecha ya no es de esperanza, sino de decepción.
