Sigue nuestras redes sociales

Realizar una búsqueda

MR NoticiasMR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias
Eduardo Lozano, articulista y opinador de MR Noticias

Opinión

El detestable Marty Supreme

  • La película es un torbellino de ansiedad y la antítesis el cine aspiracional; poco o nada se sienten los 149 minutos de metraje. El universo de Josh Safdie parece firmar una película generacional. Una película muy emocionante.

Dijo Oscar Wilde que “en este mundo hay sólo dos tragedias: una es no obtener lo que se quiere; la otra es obtenerlo”. La virtud más grande de la película de Josh Safdie es precisamente la aparente nula Virtud de Marty Mauser, un tenista de mesa estadunidense, despreciable por momentos y fascinante por otros. Marty, hombre en el que se inspira la película, es interpretado por un excelso Timothée Chalamet —que está de Oscar en su mejor actuación a la fecha—, y en él se conjunta la tosca humanidad; egoísmo, fracaso, desenfreno, ansiedad, pero también madurez y redención lejos del gran foco que ilumina el triunfo.

Marty Mauser es un buscavidas que hace de todo para cumplir su particular sueño americano de volver a un torneo de tenis de mesa en Japón: estafa, roba, engaña, enamora a mujeres para aprovecharse de ellas; todo lo que haga falta para lograr catapultarse hacia sus anhelos personalísimos. Corre el año de 1952 en calles caóticas (muy scorsesianas) de Nueva York, él es un antihéroe de clase trabajadora y aquel personaje magnético parecería escrito por Raymond Carver por escurrir realismo sucio en todos sus poros. El guionista nos deleita en llevarnos a todo lo contrario que se ve en mayormente en historias narradas; no hay heroicidad, no hay pulcritud, no hay fabula inspiradora, no hay pose; hay únicamente un obstinado que solo cree en él y en su egoísmo; vamos, algo más habitual de lo que creemos. Pero el guion tiene mayor profundidad que eso; aunque Marty Mauser nunca se detiene a preguntarse o a tener un juicio de valor sobre su actuar, el metraje, obstáculo tras obstáculo, es una particular transmutación hacia a la madurez personal, hacia la búsqueda del ser y sobre todo, un ensayo sobre el fracaso.

El relumbrón del éxito social o su búsqueda nos impide conocer cómo realmente somos por mantenernos en una burbuja alejado de nuestro Yo; toda esa tosquedad buscando el triunfo permean lo peor de Marty, hasta que, entendido su fracaso, encuentra esencia y sentido en su vida (que deja ser solo de él) en la preciosa y emocionante escena final. Imposible me fue viendo la película, no rememorar el ensayo de Junichiro Tanizaki —coincidentemente japonés—, donde hace chocar la carrera de occidente hacia la luz y la búsqueda de sombra de oriente; los tropiezos y equivocaciones de Marty Mauser nos hacen entender la poca renuncia de las pretensiones del Yo más capitalista buscando el resplandor, hasta que el propio sistema occidental lo dota de la realidad de su lugar social. Mauser codicia ser parte de una sociedad que no le deja ser; en uno de los pocos gestos humanos que le vemos, Marty le regala a su madre un trozo de piedra de las pirámides de Giza y temblando dice: “¡nosotros las hicimos!”; entendiéndose como gran elocuencia a su sentir de orgullo por ser parte de la sociedad, aunque el sistema se lo impida.

En días de glorificación absoluta del éxito, en un mundo que hace apología del triunfo y de la perfección instagrameable, es necesario conocer algo más real y habitual: las miserias humanas, el fracaso, que nunca será fracaso cuando la esencia verdadera del Yo es lograda. La película es un torbellino de ansiedad y la antítesis el cine aspiracional; poco o nada se sienten los 149 minutos de metraje. El universo de Josh Safdie —en ocasiones en colleras con su hermano Benny—, resulta ser un mundo frenético de antihéroes, ya se esboza en “Good Time” y lo consolidaron en la aclamada por la crítica “Uncut Gems”; ahora, en solitario el hermano mayor parece firmar una película generacional. Una película muy emocionante.

También podría interesarte...