En todo el mundo, los periodistas siguen pagando un precio desorbitado por decir la verdad. Los profesionales de los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental para mantener informada a la ciudadanía y exigir responsabilidades a quienes ostentan el poder, sin embargo, a menudo son objeto de acoso, vigilancia, demandas, agresiones físicas o encarcelamiento –y, en ocasiones, incluso de tortura o asesinato– simplemente por hacer su tarea.
En el último año al menos 34 periodistas pagaron con su vida, seis de cada siete asesinatos de este tipo quedan impunes, y en situaciones de conflicto, la tasa de impunidad es cercana a 100 por ciento. Se trata de una afrenta atroz hacia las víctimas y sus seres queridos, así como hacia todos los que dependemos de los periodistas para mantenernos informados y comprometidos.
Este escándalo tiene que acabar; nada debería obstaculizar la capacidad de los periodistas de desempeñar su labor, que es fundamental para los derechos humanos, la democracia y el estado de derecho; esto implica investigar todos los casos, llevar ante la justicia a todos los autores y poner fin a los ataques en Internet.
Sabemos que es posible avanzar; desde que se puso en marcha en 2012 el Plan de Acción de Naciones Unidas sobre la Seguridad de los Periodistas y la Cuestión de la Impunidad, la tasa de impunidad de estos delitos en los países que no se encuentran en situación de conflicto armado descendió de 94 por ciento a 77 por ciento, sin embargo, tenemos que esforzarnos aún más.
En este Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, exigimos justicia. Cuando se ataca a los periodistas y se silencia su labor informativa, todos nos convertimos en víctimas.
Con información de: La Jornada