MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
MARTÍN RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ/INNOMBRABLE
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Prometer no empobrece. Pero no es lo mismo andar en campaña, haciendo promesas a diestra y siniestra, que asumir la responsabilidad del gobierno.

Javier Rivera tenía que hacer un esfuerzo relativamente pequeño para convencer a los apizaquenses para que votaran por él. La pésima gestión de la última administración panista era abono puro para la inconformidad de la ciudadanía, que le pasó factura al blanquiazul en las urnas. Ahora el problema es gobernar.

En menos de dos meses, la administración morenista de Apizaco se está cayendo a pedazos. A la desbandada se han sumado los despidos fulminantes en puestos clave, como el área de incomunicación social, que fue sencillamente inexistente y muy deficiente, y ahora se suma la remoción del titular de la CAPAMA, sobre el que pesan sospechas de malos manejos y hasta de corrupción.

Parece ser que los principios de no robar, no mentir y no traicionar se fueron literalmente a La Chingada, a acompañar al presidente López Obrador.

Para acabar con el cuadro, los crímenes violentos, como el asalto y ataque a balazos ocurrido en una taquería, se están volviendo el pan de todos los días.

Ni siquiera el desalojo y detención del Paletas ha servido para enfriar la plaza. Al contrario, cada vez está más caliente, y ni siquiera la ostentosa presencia de la Guardia Nacional y de la Marina está sirviendo.

Apizaco necesita cirugía mayor, antes de ver ráfagas de cuernos de chivo en las calles o más descabezados y embolsados. Y si prometer no empobrece, Rivera tiene que pisar a fondo el acelerador, porque está a un paso de perder el poco control que le queda a la autoridad municipal. Está a tiempo.

Entre el desorden financiero, la inestabilidad de los funcionarios y la incapacidad para poner en práctica lo que se prometió en campaña están llevando a la deriva a un gobierno que están quedándose desnudo de ideas y corto de capacidades.

Si a eso le suma usted que el veneno salía desde la propia oficina de Comunicación Social todo podría entenderse; ¿a quién se le ocurre poner como enlace con medios a quien piensa en ella y no en su jefe?, súmele los afectos que la vinculan con el PAN. No hay más, su salida era obligada.

De la Capama nos dice la propia gente que operaba el “vector”, la salida del titular fue motivada por un negocio personal que emprendió con la Ciudad Industrial Xicohténcatl (CIX). Pequeño problema resultó que los ingresos no llegaban a la tesorería sino a la bolsa de un externo.

Rivera está a tiempo de salvar la nave y no quedarse a ver cómo se hunde, cambios a tiempo evitan que su pellejo sea expuesto como trofeo del panismo y las acciones en el corto plazo -que no en cien días- le irán dando oxígeno a quien toma el municipio más convulso en Tlaxcala.

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