La polémica en torno al Polo de Desarrollo de Economía Circular del Bienestar que se proyecta para Atlangatepec ha dejado al descubierto que detrás del debate ambiental también existen intereses políticos que buscan influir en la opinión pública y que buscan frenar a toda costa este proyecto que fue anunciado por el Gobierno.
En las últimas semanas, uno de los personajes más visibles en la oposición al proyecto ha sido Delfino Suárez Piedras, un actor político con trayectoria en la vida pública de Tlaxcala. Se dice que ya perdió la candidatura al gobierno de Tlaxcala por Movimiento Ciudadano y busca pelear con todo lo que este a su alcance para no perder el monopolio del negocio de la basura que le da a ganar millones de pesos.
Su participación -indirecta pero activa- en las movilizaciones y expresiones de rechazo ha generado cuestionamientos sobre las verdaderas motivaciones que existen detrás de la resistencia al proyecto, aunque su participación es indirecta, es evidente que usa a la población como escudo para frenar el desarrollo económico de la región y seguir acaparando el negocio de la basura que le deja millones de pesos.
La campaña contra la instalación del Polo de Desarrollo no puede explicarse únicamente por preocupaciones ambientales. El tema también se ha convertido en una plataforma para mantener presencia política y capitalizar el descontento social en una región donde se discute una de las inversiones más importantes para el futuro económico local.
El proyecto, de acuerdo con la información difundida por las autoridades, busca impulsar un modelo de economía circular que permita generar empleos, atraer inversión y fortalecer el desarrollo regional. Además, se ha sostenido que cualquier instalación deberá cumplir con las disposiciones sanitarias, ambientales y de protección civil establecidas por la legislación mexicana para garantizar la seguridad de la población.
Nadie puede negar que toda obra de gran magnitud debe ser sometida al escrutinio ciudadano y a evaluaciones técnicas rigurosas. Sin embargo, tampoco resulta saludable que el debate público se base en escenarios catastróficos que no hayan sido acreditados por estudios científicos o por dictámenes de las autoridades competentes.
La población de Atlangatepec merece información clara, completa y objetiva. Tiene derecho a conocer los beneficios potenciales del proyecto, pero también los riesgos y las medidas de mitigación previstas. Lo que no merece es convertirse en rehén de disputas políticas donde el miedo termine sustituyendo a los argumentos.
El reto para el gobierno será demostrar con hechos que el Polo de Desarrollo puede traducirse en mejores oportunidades económicas y una mejor calidad de vida para las familias de la región. El reto para los opositores será sustentar sus críticas con evidencia y no únicamente con discursos que alimenten la incertidumbre.
Al final, el desarrollo de Tlaxcala no debe decidirse por intereses políticos de corto plazo, sino por aquello que resulte más conveniente para el bienestar de la población y el futuro de las próximas generaciones.

